miércoles, 13 de septiembre de 2017

EL MUNDO DE LA MÚSICA. CAPÍTULO -XI. Compositores del Romanticismo (4)

Giuseppe Verdi (1813-1901)
Verdi nació en el pueblo de Roncole, en el norte de Italia, cerca de Busseto, provincia de Parma, cuando los franceses eran los dueños de la comarca. Su afición por la música era tan acusada que, siendo niño, su padre le compró un viejo piano. Con sólo diez años ya tocaba el órgano de la iglesia de su pueblo. Comenzó sus estudios musicales en Busseto, donde un comerciante aficionado a la música, enterado de sus excepcionales cualidades, lo llevó a su casa y, además de emplearlo en su negocio, le permitía tocar el piano con su hija. Cuando cumplió los dieciocho años, su protector Barezzi, le consiguió una beca para estudiar en el Conservatorio de Milán, pero no fue admitido. No obstante, permaneció dos años en Milán recibiendo lecciones de composición y orquestación. Al morir el organista de Busseto esperaba sucederle, no fue así, pero se le concedió la dirección de la Sociedad Filarmónica de la ciudad.
En 1836, Verdi se casó con Margherita, la hija de Barezzi. Dos años más tarde se trasladó a Milán, y al año siguiente estrenó, en el teatro de La Scala, su primera ópera: Oberto, conde de San Bonifacio. Su éxito le valió para que el empresario de La Scala, Bartolomeo Merelli, le encargara otras tres óperas. En el año1842 obtuvo su primer gran éxito con Nabuco, una ópera poderosa cuyo tema se basa en la persecución de los judíos por el rey Nabucodonosor de Babilonia. Aquí comenzó su carrera triunfal. Entre 1843 y 1853 viajó por toda Italia y compuso catorce óperas más.


Verdi se alejó del modelo clásico de compositor de ópera. Mantenía el  control sobre todo el proceso de producción de sus obras; no se contentaba con las fórmulas al uso, sino que siempre estaba experimentando con el género. Esa necesidad constante de cambio dio como resultado grandes óperas como el drama psicológico Hernani (1843), la sobrenatural Macbeth (1847), Luisa Miller (1849), ópera basada en la obra teatral “Intriga y amor” de Schiller; y entre los años 1851-1853, las tres óperas más conocidas hoy: Rigoletto, Il trovatore y La Traviata.
A esta década le siguió un largo periodo de tranquilidad, en el que su producción se relajó pero continuó siendo muy variada: Simón Bocanegra (1857), Un baile de máscara (1859), La fuerza del destino (1861), Don Carlos (1867). Con el estreno de esta última pensaba dar por terminada su carrera operística, pero en 1869, recibió una oferta para escribir una ópera destinada a las fiestas de apertura del canal de Suez que no dudó en aceptar. El libreto le sedujo tanto que con él compuso la ópera con la que alcanzaría el zenit de su carrera: Aida. Su espléndida presentación (1871), en El Cairo, fue apoteósica.
Aunque ninguna obra de Verdi encierra elementos políticos, durante mucho tiempo se le asoció con el “Risorgimento”, movimiento nacionalista cuyo objetivo era la unidad del país, objetivo que se consiguió, al término de la guerra entre Cerdeña y Austria, con la liberación de la región natal de Verdi que estaba bajo dominio austriaco. Este acontecimiento lo convirtió en héroe nacional, pues tanto por sus operas como por su apellido -VERDI- , se llegó a utilizar como consigna el grito de <<VIVA VERDI>> que no era más que el acróstico de <<viva Vittorio Emanuele  RDItalia>>, de la monarquía de Saboya, que por entonces era rey  de Cerdeña.
Una de las figuras claves del “Risorgimento” fue Alessandro Manzoni, a quien Verdi le dedicó su Requiem, una de las pocas obras no operísticas estrenada en Milán (1874), en honor del famoso novelista y poeta italiano. La obra, inspirada en la novela “Los novios”, requiere una gran orquesta, seis solistas y un coro doble que se reconoce al instante por su atronador Diesi rae.
Esta obra, junto con las revisiones de Simón Bocanegra, Don Carlos y La fuerza del destino, fue todo lo que produjo hasta su obra Otello, ópera que le sugirió el libretista Arrigo Boito. Tan gran éxito obtuvo en su presentación, que Verdi decidió componer otra ópera basada en la obra Falstaff de Shakespeare. Sería su última ópera. Su última obra fue el Stabat Mater. Murió en Milán (1901).




Sus obras más conocidas: Pulsen en las obras en color, y podrán escuchar algunos fragmentos.
-         Óperas:
§  Nabucco
§  Hernani
§  Macbeth
§  Rigoletto
§  Simón Bocanegra
§  La fuerza del destino
§  Aida
§  Otelo
§  Falstaff
-         Vocal:
§  Ave María, Stabat Mater
§  Requiem, (dedicado al novelista Alessandro Manzoni)


Richard Wagner (1813-1883)
Wagner nació en Leipzig pero muy pronto, tras la muerte de su padre, su madre se casó de nuevo y se trasladaron a Dresde, donde comenzó sus estudios musicales. En 1830 ingresó en la Universidad de Leipzig, donde continuó su formación: aprendió griego para leer a los clásicos, se dedicó con ahínco a estudiar inglés para poder leer a Shakespeare en su propio idioma, y tradujo Romeo y Julieta en verso alemán. También se interesó por la poesía y la mitología alemana. Durante cinco años actuó como maestro de coros y se dedicó a estudiar las obras de otros compositores alemanes, franceses e italianos. Los primeros frutos de sus estudios fueron unos cuantos ejercicios: una sonata, una polonesa y una fantasía.
 Entre los años 1834-1836 trabajó en sus primeros proyectos operísticos:
Las Hadas  y La prohibición de amar. En 1837 se trasladó a Riga para desempeñar el cargo de maestro de coro y director de orquesta. Al vencer su contrato dos años después, marchó a París con la esperanza de poder estrenar allí su ópera Rienzi. Aunque el proyecto fracasó, Wagner entabló interesantes contactos, uno de ellos fue Héctor Berlioz, con quien le unió una fuerte amistad. En 1841 compuso la ópera El holandés errante, también llamada El buque fantasma, inspirada en cuentos de marineros que había oído, dos años antes, en el tormentoso viaje que realizó por mar desde Riga a Londres, en su camino hacia París.



Su siguiente etapa fue Dresde, donde por fin estrenó su ópera Rienzi. Después de su brillante éxito fue nombrado maestro de coro vitalicio de la Ópera de la corte, donde tuvo lugar la primera representación de su primera obra teatral realmente wagneriana: El buque fantasma. Una obra poética y musicalmente nueva, ajustada a ideales artísticos totalmente inusitados para su época. Carecía de la magnificencia y esplendor de Rienzi, y el público la rechazó. Este fracaso no le hizo retroceder un paso, continuó su trabajo en obras cada vez más revolucionarias y novedosas como: Tannhäuser y Lohengrin.
Debido a su participación en el fallido movimiento nacionalista alemán, tuvo que exiliarse a Zúrich, donde le ofrecieron el puesto de maestro de coros que el compositor rechazó para entrar en un periodo de introspección que le llevó a escribir ensayos teórico-filosóficos  tales como “Dans Kunstwerk der Zukunft”    (La obra de arte del futuro),  Arte y Revolución, El judaísmo en la música, - de traza antisemita -, y “Oper und Drama” (Ópera y Drama), donde explica sus ideas sobre la ópera. Wagner concebía el género como una obra de arte total en la que la música, la poesía y las artes visuales trabajan de forma conjunta.


 En los primeros años de su destierro en Zurich, esas ideas se concretaron en su ciclo del Anillo del Nibelungo y en Tristán e Iseo, más conocida como Isolda. En 1853 terminó el libreto del  Anillo del Nibelungo  y comenzó la partitura. Primero compuso El oro del Rin, luego La Walkyria y, por último, la mitad de Sigfrido, pues la interrumpió bruscamente para componer Tristan e Isolda.
En Zurich conoció a Mathilde, joven y bella esposa de un rico hombre de negocios, Otto Wesendonck, que ayudó y protegió a Wagner, tanto que acabó haciéndole una casa en el jardín de su residencia. Wagner aceptó este acto de generosidad como homenaje a su genio y se instaló en ella sin dar muestra alguna de agradecimiento. Allí vivió algún tiempo, circunstancia que propició la relación y el idilio con la señora Wesendonck. Mathilde, criatura delicada y sensitiva con gran afición por las artes, impresionó tanto al compositor que llegó a decir:
 <<Mathilde hizo de aquellos años los más ricos y floridos de mi vida>>.
En ella, Wagner, veía la personificación de sus sueños, así se lo decía en una de sus cartas: <<Muchas veces me ocurre que mis sueños artísticos se convierten en realidad. Tal es la explicación que hay entre ti y Tristán e Iseo. Te doy una y otra vez las gracias desde lo más profundo de mi alma, por haber hecho posible que compusiera Tristán>>.


 En Tristán e Isolda, el más personal y romántico de todos sus dramas: una trágica historia sobre el poder redentor del amor, donde expresa la idea del sacrificio amoroso que redime al hombre de la condenación. Una idea que más tarde llenaría toda su poesía y su música, caracterizada por una armonía experimental y una exuberante orquestación, elementos que se convertirían en      el sello de identidad de Wagner. El mismo tema aparece en Tannhäuser y en Lohengrin, representado en 1866 y 1867 respectivamente. En el año 1868 presentó  Los maestros cantores de Núremberg, que se interpretó en el congreso del partido nacionalsocialista de Núremberg.
         Con el fin de representar el ciclo recién terminado de El anillo del Nibelungo, Wagner construyó, en la pequeña ciudad de Bayreuth, el teatro Festspielhaus, financiado por Luis II de Baviera. Se inauguró en 1876 con la representación completa de la tetralogía del Anillo, y desde entonces ha sido la sede del Festival de Teatro de Bayreuth. Wagner compuso Parsifal, su última ópera, en 1882, y murió al año siguiente en Venecia.
            Pocos compositores han suscitado tantas y tan encendidas polémicas, pero que mejor que quedarnos con la opinión de Einstein:

<<…no debe ser considerado ni juzgado sólo como músico. Este poeta y compositor de una pieza fue, en un grado mucho mayor que Beethoven, un profeta, un artista con una misión; llevaba el drama en la sangre y lo convirtió en drama musical porque la música era para él, el arte supremamente redentor>>.
Academia de BB.AA. Santa Cecilia

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