miércoles, 7 de febrero de 2018

EL MUNDO DE LA MÚSICA. El Expresionismo musical del siglo XX y (2)

Serguéi Rajmáninov (1873-1943)
           
Rajmáninov nació en Oneg (Novogorod), en el seno de una familia noble. Con nueve años ingresó en el Conservatorio de San Petersburgo y tres años más tarde en el Conservatorio de Moscú para estudiar piano, armonía y contrapunto, graduándose como pianista y compositor a principios de la década de 1890. Allí conoció a Tschaikowsky, cuya amistad influyó en su evolución artística.
            Aunque en su estilo influyeron, además de Tschaikowsky, Rimsky Korsakov y otros compositores rusos, Rajmáninov desarrolló un estilo personal caracterizado por una poética bien definida, unas líneas melódicas amplias y llenas, una inusitada brillantez y unas texturas orquestales creativas y variadas. En algunas de sus obras  se aprecia cierta influencia que recuerda a Chopin y a Liszt, donde se manifiesta un melancólico estilo romántico tardío contagiado por las tonalidades menores de la predilección de Tschaikovsky. Como compositor está considerado el último gran exponente del Romanticismo ruso.
Ya de estudiante demostró sus cualidades en su Concierto para piano nº1, Op.1; en su primera ópera en un acto, Aleko Op.24, y en una serie de piezas para piano solo: Morceaux de fantaisie Op.3, que incluye el célebre Preludio en Do sostenido menor.
 Menos éxito tuvo su Sinfonía nº1, estrenada en 1907. La crítica fue muy dura con ella, describiéndola como <<la representación de la siete plagas de Egipto>>. En 1901, estrenó en Moscú su Concierto para piano nº2, en Do menor, dedicado   a su médico e interpretado por él mismo como solista, con tal éxito que se ha convertido en el paradigma del repertorio pianístico de concierto. La pasión romántica, la viveza rítmica y el encanto de la obra cautivaron al público, tanto que no tardó en ser uno de los conciertos para piano más interpretado del siglo XX.

            Su Concierto para piano nº3, en Re menor, fue muy aclamado en su gira por EE. UU. Otra obra de esa época es Las vísperas, obra para coro a capella, que evidencia su perdurable interés por la música sacra. Durante su estancia en Dresde compuso dos grandes obras orquestales: La Isla de la muerte, Op.29, un poema sinfónico inspirado en el óleo de Arnold Böcklin, y su Sinfonía nº2, en Mi menor, Op.27, considerada como su mejor obra orquestal. La Rapsodia sobre un tema de Paganini, en la menor, Op.43, es una obra concertante para piano y orquesta que incluye un conjunto de veinticuatro variaciones sobre el Capricho nº24 para solo de violín, de Nicoló Paganinini. Una de las particularidades es que la orquesta interpreta la 1ª variación antes del tema principal.


Igor Stravinsky (1882-1971)
          
Stravinsky fue uno de los compositores más influyentes del siglo XX. Su obra cruzó fronteras, culturas y periodos. Redefinió con regularidad su estilo musical, siempre explorando nuevos gustos e innovadoras formas expresivas. Aunque cada una de sus obras es única, la impaciencia rítmica y las armonías inquietas y penetrantes les confieren una cierta unidad y coherencia.
            Nacido cerca de San Petersburgo, en el seno de una familia de artistas. Su padre fue cantante (bajo) de la Ópera Imperial de San Petersburgo. Comenzó a tomar lecciones de piano a los nueve años. La biblioteca musical de su padre le permitió estudiar a compositores como Glinca, Mussorgsky, Glszunov, Borodin, Wagner, Debussy y Dukas. En 1901 comenzó a estudiar derecho en la Universidad de San Petersburgo, donde conoció a un compañero suyo: Vladimir, hijo de Nicolai Rimsky-Korsakov. La amistad entre ellos hizo que éste lo aceptara como su pupilo. De esta relación surgiría un extraordinario compositor.
            Bajo la supervisión de su maestro, Stravinsky compuso algunas obras, entre ellas una fantasía para orquesta titulada Fuegos artificiales, que pensaba ofrecer a la hija de Rimsky como regalo de boda. A la muerte de su maestro, Stravinsky compuso un canto fúnebre en el que cada instrumento de la orquesta tocaba su propia melodía, como en un cortejo funeral hacia el sepulcro del maestro.
            Por aquella época, Stravinsky conoció a Serguéi Diaghilev, empresario ruso fundador de los Ballets Russes, quien le encargó el arreglo orquestal de dos obras de Chopin para el ballet Las sílfides. Tan satisfecho quedó que le hizo un nuevo encargo: la partitura de su primer ballet El pájaro de fuego, basada en una leyenda popular rusa que pensaba presentar en París en la primavera de 1910. La buena acogida del público favoreció dos encargos más: Petrushka y La consagración de la primavera, que describe los ritos paganos de la antigua Rusia. En estas obras se revelan los elementos principales del estilo de Stravinsky: la politonalidad – música en dos tonalidades que suenan a la vez -, los tiempos asimétricos de compás, los ritmos explosivos y una instrumentación novedosa. Los ballets son testigos de la evolución de su estilo, pues si Petrushka aún se puede considerar inscrita en el contexto de la música moderna, con La consagración de la primavera inaugura una nueva era de ritmos retumbantes y armonías disonantes. En ella empleó nuevas técnicas, abandonando la tonalidad y recurriendo a los ritmos primitivos con el fin de generar inquietud, clímax y respiros.

            En las décadas de 1920 y 1930, Stravinski compuso, dirigió e interpretó. En ese periodo su estilo musical se hizo neoclásico pues absorbió las influencias de Bach y Mozart.
Oedipus Rex (Edipo Rey), ópera basada en la tragedia de Sófocles, y libreto del dramaturgo Jean Cocteau, es una de sus primeras obras neoclásicas. Más que una ópera es una cantata escénica, pues los cantantes llevan vestuario pero no actúan. La Sinfonía de los salmos es otra de las obras de este periodo donde se aprecia el profundo interés del compositor por la música sacra y el estilo neoclásico.
Las obras de Stravinsky escritas en EE. UU., parecen dar expresión a una actitud hacia la música menos objetiva y más personal. Incluso se ha dicho que el Stravinski de ese periodo es más un neo-romántico que un neoclásico. Sin embargo de esta etapa es la neoclásica Sinfonía en tres movimientos.
            La insistencia sobre la necesidad de la forma, el propósito, la firmeza y la autodisciplina son características  del estilo de Stravinski. Siempre trata de hallar algo nuevo, avanzar y enfrentarse a problemas inéditos. Donde su originalidad aparece con mayor evidencia es en el uso de los ritmos. Pero la mejor cualidad es su sentido artístico ordenado, constructivo y calculado. No deja nada al azar, trabaja cada efecto con infinita paciencia.
Obras más conocidas:
§  Teatrales:
§  El pájaro de fuego (1910)
§  Petrushka (1911)
§  La consagración de la primavera (1913)
§  La historia del soldado (1918)
§  Pulcinella(1920)
§  Les noces(1923)
§  Oedipus Rex (1927)
§  Orpheus (1948)
§  El progreso del libertino (1951)
§  Cánticos de réquiem (1964)


§  Orquestales:
 §  El canto del ruiseñor

§  Sinfonía de los salmos

§  Sinfonía en Do menor

§  Sinfonía en tres movimientos

§  Concierto de ébano, para clarinete.

§  Concierto en Re mayor, para violín y orquesta

§  Concierto en Re, para cuerda




Serguéi Prokófiev (1891-1953)
Compositor nacido en Sontzovka (Ucrania). Su madre era pianista y su padre ingeniero agrícola. Recibió sus primeras lecciones de piano de su madre y a los cinco años ya se hizo evidente que poseía unas dotes musicales fuera de lo común. A los trece años, pese a ser más joven que cualquiera de los alumnos, ingresó en el Conservatorio de San Petersburgo, donde estudió composición y orquestación con Rimski-Korsakov; piano con Anna Esipova y dirección con Teherepnin. En sus años de estudiante ya solía interpretar al piano sus propias obras. En 1909 se graduó, sin honores, como compositor, pero continuó los estudios de piano y dirección orquestal. Sus dos primeros conciertos de piano dieron lugar a agrias críticas porque sonaban poco convencionales.
Prokófiev se graduó como pianista en el Conservatorio de San Petersburgo, después de ganar, en 1914, el premio Rubinstein, consistente en un piano de cola, el mayor galardón para un estudiante de piano. Poco después marchó a Londres,  donde conoció a Balákirev, Stravinsky y, en especial, a Serguéi Diaghilev, que le encargó el ballet Chout (El bufón). Desde el principio Stravinsky, más que ningún otro de sus coetáneos, tuvo un impacto decisivo en la obra de Prokófiev. En 1917 compuso la ópera El jugador, inspirada en la obra homónima de Dostoievsky, uno de sus mejores logros. Ese mismo año compuso el Concierto nº1 para violín, y la Sinfonía clásica, que reconstruye el estilo formal del siglo XVIII.
En 1918, viendo que la estrechez del espacio y el conflictivo ambiente ruso de la época era un serio impedimento para desarrollar su música experimental, decidió irse a los Estados Unidos de América. Allí su virtuosismo al piano entusiasmó tanto al público, que llegó a compararlo con Rajmáninov. En 1919, por encargo de la Ópera de Chicago, compuso la ópera  El amor de las tres naranjas, que no se llegó a estrenar porque  el director, que para ella estaba designado, murió y hubo que posponer el estreno. En 1922 volvió a Europa, se estableció en París, donde reanudó su relación con Stravinsky y los Ballets Rusos de Diaghilev, dedicándose a componer. Su innovador estilo musical fue bien recibido por la escena musical parisina.
En 1927, el estreno de la ópera El amor de las tres naranjas, en Petrogrado (San Petersburgo / Leningrado), fue bien acogido y Diaghilev le encargó varias obras con las que cosechó éxitos en sus giras por Rusia y Europa. En 1936 decidió volver a establecerse en Rusia. Allí estrenó El teniente Kijé, la banda sonora de una película; para el Teatro Bolshói de Moscú, el ballet Romeo y Julieta, una de sus obras más famosas. Su cuento sinfónico Pedro y el lobo, una introducción musical a la orquesta para niños, concebido como herramienta para ayudar a los niños a aprender sobre los diversos instrumentos de la orquesta.




Carl Orff  (1895-1982)
           
Compositor alemán, nacido en Múnich, comenzó a estudiar piano, órgano y violonchelo apenas tenía cinco años. Al acabar el bachiller estudió composición en la Academia de Música de Múnich, graduándose en 1914. Como el plan de estudios era muy conservador, se dedicó a explorar, por su cuenta, el repertorio musical contemporáneo que era lo que realmente le interesaba. Orff se sentía descontento con las clases de composición recibidas en la Academia por lo que, en 1920, reanudó sus estudios con el distinguido profesor Kaminski. En la búsqueda de un estilo musical propio, descubrió la música del Barroco temprano.           
Su entusiasmo por Debussy le duró el tiempo suficiente para componer la ópera Gisei, el sacrificio, antes de centrarse, sorprendentemente, en Schoemberg, diametralmente opuesto a Debussy. De cualquier modo, ninguno de los dos dejó trazas notables en el estilo maduro de Carl Orff.
El primer trabajo de Orff  fue como compositor de música incidental para un teatro de Múnich. Tras un breve interludio en el teatro, fuera de Múnich, en 1919 volvió para dedicarse a enseñar composición. Quería inventar nuevas formas para atraer a los niños a la música. Para ello ideó, junto a Dorothee Günter, una escuela especial de euritmia: combinación de música, gimnasia y danza basada en la obra de Daleroze y Laban. A Orff se le ocurrió que los alumnos acompañaran las rutinas de danza, improvisando su propia música, con sencillos instrumentos de percusión afinados y muy fáciles de tocar, lo que motivaría a los niños a dominar el lenguaje musical básico. Creó un sistema integral – el Schulwerk - de ejercicios prácticos para facilitar el proceso. Tan buen resultado dio que recibió el apoyo del Ministerio de Educación Alemán y, aún hoy, se sigue utilizando en todo el mundo.
Inspirado en las óperas de Monteverdi, compuso varias obras escénicas, entre ellas destaca Carmina Burana, una cantata que utiliza como texto algunos cantos medievales de los goliardos. En ella, además de la orquesta y coros, intervienen solistas: soprano, tenor y barítono. Destaca también su abundante y espléndida percusión.

Las primeras óperas del siglo XVII eran verdaderos espectáculos. Los escenarios lujosos y vistosos; el vestuario y los efectos mecánicos eran tan importantes como la música. Eso fue lo que pretendió Orff con su Carmina Burana y sus dos obras subsiguientes: Catulli Carmina y El triunfo de Afrodita, las tres forman la trilogía Trionfi. La música, evidentemente, no tiene relación alguna con la de Monteverdi. 
Academia de Bellas Artes Santa Cecilia

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