viernes, 16 de febrero de 2018

Pintores españoles contemporáneos: GAC

Gabino Amaya Cacho

Es un pintor de figuras, retratos, paisajes, bodegones, dibujante, cartelista y caricaturista madrileño. Se ha destacado en el universo de las artes por su participación en eventos en su país natal, en Hungría, Italia y Alemania. Además es el precursor de una de las nuevas corrientes del arte abstracto en el siglo XXI: El puntillismo abstracto, creado por el mismo, consiste en realizar puntos sobre lienzos uno tras otros hasta componer figuras sin ninguna distinción, el acabado es de hermosos cuadros llenos de vivos colores y matices, empleando acrílico sobre tela de algodón. Se observa armonía en los colores, además de que son muy luminosos, son bastantes modernos y se postulan en los primeros lugares de los cuadros modernos más revalorizados.


Cuando se habla de arte la pregunta que muchos se hacen es: si un artista nace con talento innato o con la práctica y el estudio se formó su talento. Algunos de los grandes crecen viendo en casa a algún familiar que se dedica al arte, al cual toman como ejemplo a seguir para comenzar su carrera.


Tal es el caso del pintor de Gabino Amaya Cacho que creció viendo a su abuelo, el escultor español Gabino Amaya Guerrero, quien le sirvió como ejemplo y guía, su formación artística se inició en su taller, para después continuar sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios con el catedrático Pedro Mozos, pronto fue alumno de Agustín Segura quien se convirtió en su asesor de obras.  Sin embargo, abandonó sus estudios para dedicarse de lleno a las artes, experiencia que adquirió de forma independiente por su creatividad.

Algunos de los premios otorgados

·         1970 - 1975, Primeros Premios de Pintura, Fundación Caldeiro, Madrid.
·         1985, Beca del Gobierno de Hungría.
·         1987, Cartel de Fiestas Villa del Prado, Madrid.
·         1989, Primer Premio Concurso La Tarterie, Madrid.
·         1991, Premio Walter Thomson concedido por el alcalde Álvarez del Manzano, Madrid.
·         1992, Selección. Premio Villa de Leganés, Madrid.
·         1995, Accésit Asociación Barrio de Salamanca.
·         2001, Seleccionado. Exposición Gonza Geza, Oroshaza, Hungría.
·         2004, Copista del Museo del Prado, Madrid.

miércoles, 14 de febrero de 2018

El MUNDO DE LA MÚSICA Cap.XVII. El posmodernismo



El Posmodernismo










Las reacciones contra el modernismo musical de Schönberg se hacen patentes en un nuevo movimiento, el Posmodernismo, nacido al final de la Segunda Guerra Mundial,  y abarca el periodo desde 1945 en adelante. Estilo que refutaba las ideas formalistas en la expresión crítica.
El musicólogo Jann Pasler, sugiere una división del Posmodernismo musical en tres categorías:
1ª).- Reacción contra el Modernismo
2ª).- Desafío a la hegemonía de Occidente
3ª).- Reinterpretación de elementos musicales.
- La 1ª categoría de la posmodernidad busca equilibrar los excesos habituales en la atonía y disonancia de las piezas musicales de la primera mitad del siglo XX, que muchos oyentes consideran fea, disonante e inaccesible.
- La 2ª categoría cuestiona la supremacía de la música occidental y socava las narrativas tonales al uso, para abrir el espacio a la música y a la cooperación con otras culturas cambiando la explotación por la exploración.
- La 3ª categoría la definen el collage, la parodia y la inclusión de elementos no tradicionales.
Otro término a tener en cuenta en el posmodernismo es la Tonalidad.
Se define por el orden de los intervalos dentro de la escala de los sonidos. La tonalidad es una manera de organizar los doce alturas de una escala. La primera y más importante se llama Tónica –Key note-, todas las demás alturas funcionan en relación con ella. La tonalidad y la escala expresan la misma serie de sonidos, sólo que en la escala los sonidos deben sucederse, obligatoriamente, en movimiento conjunto - ascendente o descendente -, mientras que en la tonalidad no importa el orden de presentación, ésta puede ser por movimiento conjunto o disjunto.
         Entre los movimientos o estilos que se incluyen dentro de la música moderna se encuentran:
§  El Minimalismo
§  El Poliestilismo
§  Conceptualismo
§  Música Aleatoria
Durante la segunda mitad del siglo XX, los compositores estadounidenses  dieron la espalda al serialismo total para dedicarse a la <<música aleatoria>>, caracterizada por permitir que la casualidad y la discreción del intérprete determine la interpretación. John Cage (1912-1992), alumno de Schönberg, y una de las figuras más representativa de este movimiento, pronto empezó a experimentar variaciones del lenguaje dodecafónico, utilizando una serie de veinticinco notas sobre una tesitura de dos octavas, y dividiendo las series en segmentos que manipulaba y repetía.  Estableció un sistema de composición para el que creó unas gráficas muy complejas que contenían la afinación y el ritmo, la dinámica y la textura. Para seleccionar los parámetros anteriores utilizaba procesos aleatorios. La aleatoriedad   de su música se oponía a las prácticas dominantes del dodecafonismo o serialismo total. Él argumenta que no hay  “música” o “ruido” sino sólo “sonido”, y que las combinaciones de sonidos hallados, no sólo constituyen eventos musicales. También  pone acentúa  la importancia de focalizar la atención en la “invención” como esencia del arte.
A mediados de la década de 1930, Cage descubrió su interés por la percusión. Puede que fuera como contrapeso a los espesos estudios sobre afinación impartidos por Schoenberg, o tal vez fuera una reacción al exuberante sonido de las cuerdas que caracteriza a la música romántica. Sea como fuere, John Cage tomó esa nueva dirección para explorar y expandir las posibilidades del sonido.
A partir de 1945, Cage exploró la filosofía, la música y la estética orientales, lo que le proporcionó una nueva comprensión del silencio, el papel del compositor y el significado de la música. Empezó a considerar el silencio como la ausencia de sonido intencionado. La mitad de las entradas de cada gráfica contenía silencio. Su obra Music of changes (1951) es un ejemplo de su técnica.

La exploración de géneros, formas e instrumentación no tradicionales, cuestionó las normas musicales habituales. Para algunos críticos, el posmodernismo implica escepticismo ante una verdad absoluta y una realidad singular, y propone una comprensión múltiple de la realidad. En este sentido, cuestiona los principios de la estética, estimula de forma activa la inclusión de grupos marginados, deja espacio para las voces alternativas y descentra los cánones literarios, artísticos y musicales establecidos.
Hacia 1950, después de la segunda guerra mundial, música y tecnología han estado estrechamente vinculadas gracias a la industria discográfica y, sobre todo, a la radio. Las grabadoras de cinta magnética, los sintetizadores y los ordenadores, ejercieron una gran influencia en la composición y distribución de la música.
En París, al compositor y escritor Pierre Schaeffer, que trabajaba en la radio francesa, se le ocurrió la idea de la “Musique concrete”, música que sólo existe en la cinta, obtenida al manipular sonidos grabados. Éstos no tenían por qué ser musicales, podían provenir de locomotoras, cacerolas o cualquier otro elemento, de modo que todo se podía considerar música.
Unos años después surgió en Colonia una escuela rival, mucho más “estructuralista”, liderada por Karlheinz Stockhausen. Su punto de partida era que la música de la cinta no debía de proceder de sonidos grabados, sino nuevos, construidos mediante ondas generadas electrónicamente, dando como resultado la llamada Música electrónica”. Pero pronto los límites entre las dos corrientes se difuminaron y, en la actualidad, se le suele aplicar el término “Música electro-acústica” a toda la música basada en la producción tecnológica del sonido. La posibilidad de grabación de varias pistas, brindó a los compositores nuevas formas espaciales: los sonidos se podían mover de un lugar a otro, y el público estaba rodeado de sonido: frente a él, por detrás y hasta por encima de él.
Tras el relativo abandono del modernismo en las décadas de 1970 y 1980, los compositores jóvenes parecen estar retornando a una situación en la que las prioridades vuelven a ser la originalidad y la innovación.
El posmodernismo añade un elemento adicional: <<el comentario de la tradición musical>>.

  Leonard Bernstein (1918-1990)
       
Es probable que ningún otro músico clásico haya dejado una huella tan profunda en su patria, como Leonard Bernstein ha dejado en los Estados Unidos.
        Pianista, director y compositor, nacido en Lawrence (Massachusetts) de ascendencia ruso-judía, desde muy niño sentía una obsesión musical que su padre trató de desviar hacia una próspera carrera en los negocios. Cedió cuando, a los diez años, el niño consiguió pagarse sus clases de piano. Entonces decidió comprarle un piano al que Leonard le dedicó horas para practicar, improvisar y componer música. Cuando ingresó en Harvard, en 1935, ya era un brillante pianista que reunía raros talentos para la improvisación y para la parodia musical. A los diecisiete años daba todos los conciertos que podía, pero rehuía las “aburridas” clases de música a favor de la lingüística o la filosofía. Después de su graduación, en 1939, continuó sus estudios con Fritz Reiner y, más tarde, con Koussevitsky. Aunque ninguno de los dos aprobaba su libertinaje, ambos reconocieron su talento. Reitner, apóstol del minimalismo, le otorgó la única matrícula de honor de su carrera, y Koussevitsky lo recomendó a la Filarmónica de New York como director adjunto. Poco después, por enfermedad del director - Bruno Walter -, reemplazó a éste para dirigir el concierto que estaba previsto para esa noche. Tanto la orquesta como el público esperaban, a lo sumo, una ejecución sin errores, pero presenciaron una interpretación electrizante, muy distinta a la que Walter había preparado. Al final hasta la orquesta se puso de pie y aplaudió.
Uno de los músicos de la orquesta dijo:
<<Es el músico más extraordinario que jamás había conocido>>.
        Su carrera brilló gracias a su larga permanencia en la Filarmónica de Nueva York como director musical, cargo que le permitió introducir innovaciones y promover la música contemporánea. Pese a su éxito, Bernstein era un insatisfecho y tenía contradicciones. Toda su vida se dividió entre el disfrute del efímero arte de la dirección orquestal y la búsqueda de tiempo libre para componer. Quería  crear la gran ópera y la gran sinfonía norteamericana, pero el éxito de sus obras teatrales nunca le satisfizo. Sus sinfonías eran agradables, tanto por su música tonal, de fina elaboración, como por su búsqueda filosófica del dios en el que quería creer, pero incluso su amigo Copland las consideraba “música de director de orquesta”. Carecían del genio que imprimía a los musicales, sobre todo a West Side Story, tal vez el mejor musical de la historia.
Otras obras: Sinfonía nº1 “Jeremías”; Sinfonía nº3 “Kaddish”; On the Town;
Suite from on the Waterfront; Candide; Salmos de Chichester y Misa.





György Ligeti (1923-2006)
       
Muchos musicólogos lo consideran el compositor más relevante de finales del siglo XX. Gracias al uso, sin permiso previo, de su obra  Atmosphéres escrita para gran orquesta sin percusión, se utilizó como fondo musical de la secuencia del viaje, en la película <<2001: Una Odisea del espacio>> de Stanley Kubrick, Ligeti se convirtió en el primer compositor de vanguardia que llamó la atención del público de casi todo el mundo.
        Nacido en Transilvania, después de la segunda guerra mundial, se trasladó a Budapest para estudiar con Béla Bartók  pero, por desgracia, éste murió unos días después de su ingreso en el conservatorio. Aunque Ligeti tenía el apoyo de Zoltan Kodály, el fracasado levantamiento de 1956 le impulsó a instalarse en Colonia, donde pronto empezó a trabajar con Stockhausen en el Estudio de Música Electrónica de la WDR. De esa época es su breve obra Artikulation, que le dio un poco de notoriedad. Dos piezas orquestales: Apparitions y Atmosphéres (1961-62), catapultaron a Ligeti a la cima de la vanguardia musical.
Atmosphéres: aunque es una pieza de apenas diez minutos, quizá sea la obra más representativa de Ligeti, escrita para gran orquesta sin percusión, y dedicada “in memoriam” al compositor húngaro Mathias Seiber. La concibió de forma premeditada como música sin armonía ni melodía, en la que las texturas orquestales constituyen la esencia. Un concepto clave que Ligeti denominaba “Micro-polifonía”: cada instrumento posee su voz, única y compleja, pero resulta imposible discernir entre las voces individuales; sólo se percibe el efecto global. Aunque Atmosphéres muestra claras influencias de la música electrónica, también prueba lo que se puede obtener de una orquesta convencional, en especial, en cuanto a timbre.
Tanto Apparitions como Atmosphéres son obras hipnóticas, de texturas densas, que se convirtieron en clásicas de la novedosa “Música Textural”, que también cultivaron Xenakis y otros compositores polacos. A éstas les siguieron obras provocadoras y perdurables, como Volumina, para órgano, cuya partitura gráfica carece de cualquier notación musical convencional. Otra obra destacable de esa época es Aventures, en la que tres cantantes atraviesan una serie de extrañas emociones sin texto, sólo con fonética. Incluso el Réquiem, una majestuosa declaración, tiene su lado irónico: el Diesi rae es una especie de comic musical.  Con el Trío con trompa (1983), una pieza en apariencia conservadora, Ligeti encontró el camino hacia lo que para él no era post ni anti-modernismo, sino un modernismo “diferente” que podía basarse en todo tipo de inspiraciones externas, desde la música medieval hasta la africana.






Karlheinz Stockhausen (1928-2007)
       
Stockhausen nació en Modräth, cerca de Colonia. Aprendió piano y oboe en un internado para luego, en 1947, ingresar en el Conservatorio de Colonia. Cuando se graduó, en 1951, ya había compuesto Kreuzspiel, para oboe, clarinete bajo, piano y percusión, fue la primera de muchas otras obras revolucionarias que ejercerían una gran influencia en la música occidental. Poco después partió para París a estudiar con Messiaen. En 1953 volvió a Colonia y se sumergió en el novedoso campo de la música electrónica, componiendo una serie de obras que, aún hoy, siguen oyéndose. La primera de ellas, Gesang der Jünglinge (El canto de los adolescentes), encarna dos elementos esenciales en su producción: la fe religiosa y la fascinación por la ciencia y la tecnología. Estas piezas tempranas, como tantas otras, comparten un método de composición muy sistematizado el Serialismo permutatorio, basado en la aplicación de proporciones aritméticas, no sólo a las notas sino al ritmo, a la dinámica, a la textura y a casi todos los conceptos de la música. También se interesó por las obras “indeterminadas” de John Cage. Así creó las “formas variables” y, junto con su propia orquesta, la “Música procesada”, cuyas partituras no contenían materiales específicos, sino sólo procesos de transformación, indicados con los signos + y -. Dos ejemplos de esto son Prozession y Kurzwellen.
        En los años sesenta Stockhausen se convirtió en el icono de la música vanguardista, no sólo en los círculos de la “Nueva Música”, aparece incluso en la carátula del disco Sgt. Pepper`s Lonely Hearts Club Band, de los Beatles. Recorrió el mundo e integró en su obra todo tipo de experiencias, de la música tradicional japonesa (Telemusik) a los himnos nacionales (Hymnen).


Tras una década de creciente apertura, Stockhausen cambió de actitud y volvió a componer música de forma exacta, basándose en una fórmula que establece las afinaciones, duraciones y demás elementos de la obra, pero de un modo más melódico y cantable, aunque serial. Su obra Afinación, para seis cantantes, basada en un solo acorde podría parecer una proposición poco atractiva, pero está considerada una de sus obras más fascinantes. En ella introdujo, por vez primera, el concepto del “Canto sobre-tonos”, donde el cantante hace audibles los sobre-tonos de cada nota, independientemente de la fundamental.

        En 1977 anunció que dedicaría los siguientes veinticinco años de su vida creativa a la realización de un proyecto: el Ciclo Licht, formado por siete óperas que llevarían por nombre los siete días de la semana, y con tres personajes bíblicos: Eva, Miguel y Lucifer. Su duración iba a ser de dieciséis horas para rivalizar con el ciclo del Anillo de Wagner, pero al final resultó mucho más largo.   
Academia de Bellas Artes Santa Cecilia

JOSÉ GUERRERO. Uno de los grandes pintores españoles contemporáneos

                       
                       
Guerrero (1914-1991) estudió en la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad y entre 1940-45 en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, costeándose la estancia dando clases de dibujo y realizando carteles de cine. Obtuvo becas que le permitieron visitar Roma y París,donde conoció a los maestros de la vanguardia, Matisse, Picasso, Miró, Klee...y en 1949, recién casado con una periodista estadounidense se fue a Nueva York, la ciudad que iba sustituyendo a París como capital mundial del arte.                           

Hasta 1949 en sus -paisajes, naturalezas muertas, escenas-. se perciben influencias de Picasso y de la Escuela de París. Es pintura figurativa pero  con un énfasis en la construcción de las superficies, en el marcado  sentido del ritmo, la energía  del dibujo, y disposición de las masas de color  que permanecerán cuando se convierta en un pintor radicalmente abstracto en los años neoyorquinos. 
                      
En Nueva York  encuentra  la pintura de Pollock,Rothko, Motherwell, De Kooning,Kline... como un deslumbramiento y a partir de ella busca su camino.

A la action painting o Expresionismo Abstracto neoyorquino incorpora constantes de la tradición española, dramatismo, austeridad, suntuosidad del negro...que hace que las telas, de Guerrero, -pura abstracción, solo color y formas sólidas pero indeterminadas-, alguna vez, recuerden al Goya de los cuadros de historia (Los fusilamientos de la Moncloa...) en su cromatismo y vigor.
Dos hilanderas, 1948
                                     
En 1954 es elegido para participar en la exposición titulada Younger American Painters. A Selection, lo que indica que  se le consideraba integrado en el mundo artístico de la ciudad y lo confirma que  el Museo Guggenheim adquiera un cuadro, Three Blues, para su colección. Ese año había obtenido la nacionalidad estadounidense.
Entre 1950 y 1966 participa  en exposiciones colectivas e individuales. José Guerrero llegó a Nueva York con 35 años y volvió a España veinte años después y desde entonces hasta su muerte vivió entre España y EE.UU. 
La pintura de José Guerrero se impone por la monumentalidad de las formas en grandes formatos, la intensidad cromática y la impronta gestual con que los artistas del expresionismo abstracto pretenden incorporar a la pintura la huella del cuerpo y el automatismo psíquico heredado de los surrealistas. 
Los colores con pincelada precisa y constructiva son extendidos  en planos de color  cuidadosamente ensamblados con expresivos perfiles  de contacto cargados de enigmático lirismo.  


La brecha de Viznar, Homenaje a F. García Lorca
Además de pintura en sentido más tradicional Guerrero realiza "frescos portátiles".  La temprana beca que le llevó a París estaba destinada a dominar la técnica del fresco, pero José Guerrero no utiliza la pared como soporte -que es lo habitual en el fresco- él realiza " frescos portátiles" de distintos tamaños, en los que explora las  posibilidades matéricas del collage, integrando en la pintura escultura e incluso aspectos  de la arquitectura (arenas, ladrillos, cemento...).





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martes, 13 de febrero de 2018

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (336)

AL HILO DE “EL HILO INVISIBLE
                                   
       
  Acaba de estrenarse la película “El Hilo invisible”, de Paul Thomas Anderson, director, guionista y productor de películas como    “Sydney: Boogie Nights”, “Magnolia”, “Pozos de ambición” o  “The Master.   “El hilo invisible es la última que ha dirigido y tiene el aliciente de estar protagonizada por el excelente Daniel Day-Lewis, ganador de varios Oscar, junto a otras dos magníficas actrices, Vicky Krieps y Leslie Manville. 

He de aclarar que esto no es una crítica cinematográfica, aunque debo confesar que considero que es una magnífica película que recuerda la historia de “Rebeca”, de Alfred Hitchcock, en la que se nota la mano de su excelente director con una fotografía magnifica y una música perfecta.

            El personaje que interpreta Day-Lewis, dicen que está inspirado en el modisto español Cristóbal Balenciaga, que en la película  trata de convertir su azarosa existencia en una íntima reflexión sobre la pasión amorosa, aunque yo no acierto a ver las similitudes entre este personaje y nuestro admirado modisto.

Todo esto viene a cuento de unas declaraciones de Paul Thomas Anderson a “El País”, en el que se muestra muy extrañado de que en España todo el mundo le pregunte por Balenciaga cuando Balenciaga era vasco, no español. Es curiosa la inquina que muchos, dentro y fuera, le tienen a España. Es cierto que era vasco, pero no lo es que no fuera español, no solo por lo obvio, sino porque no solo era español, sino una figura importante del panorama político y artístico de nuestro país.

Para todas estas personas que niegan que sean españolas personas nacidas en Cataluña, Galicia, País Vasco, Extremadura  o Andalucía, parece ser que España es un país sin españoles, poblado por habitantes de otros países que, curiosamente, todos juntos, conforman precisamente a España.

Para rematarlo, este director americano ¿O quizás no podamos decir americano, puesto que era californiano de Studio City?, en sus declaraciones a El País, manifiesta que en España no es posible un cine de autor y que el doblaje es penoso y ridículo.  En fin, un hombre de los que suelen dejar amigos allá por donde pasan.

Cada vez estoy más convencido de que no tienen nada que ver, el pensamiento, la moral, la honestidad y la sensatez de un artista, con lo que reflejan sus obras. 
Jesús Almendros Fernández
Socio colaborador de la Academia

miércoles, 7 de febrero de 2018

EL MUNDO DE LA MÚSICA. El Expresionismo musical del siglo XX y (2)

Serguéi Rajmáninov (1873-1943)
           
Rajmáninov nació en Oneg (Novogorod), en el seno de una familia noble. Con nueve años ingresó en el Conservatorio de San Petersburgo y tres años más tarde en el Conservatorio de Moscú para estudiar piano, armonía y contrapunto, graduándose como pianista y compositor a principios de la década de 1890. Allí conoció a Tschaikowsky, cuya amistad influyó en su evolución artística.
            Aunque en su estilo influyeron, además de Tschaikowsky, Rimsky Korsakov y otros compositores rusos, Rajmáninov desarrolló un estilo personal caracterizado por una poética bien definida, unas líneas melódicas amplias y llenas, una inusitada brillantez y unas texturas orquestales creativas y variadas. En algunas de sus obras  se aprecia cierta influencia que recuerda a Chopin y a Liszt, donde se manifiesta un melancólico estilo romántico tardío contagiado por las tonalidades menores de la predilección de Tschaikovsky. Como compositor está considerado el último gran exponente del Romanticismo ruso.
Ya de estudiante demostró sus cualidades en su Concierto para piano nº1, Op.1; en su primera ópera en un acto, Aleko Op.24, y en una serie de piezas para piano solo: Morceaux de fantaisie Op.3, que incluye el célebre Preludio en Do sostenido menor.
 Menos éxito tuvo su Sinfonía nº1, estrenada en 1907. La crítica fue muy dura con ella, describiéndola como <<la representación de la siete plagas de Egipto>>. En 1901, estrenó en Moscú su Concierto para piano nº2, en Do menor, dedicado   a su médico e interpretado por él mismo como solista, con tal éxito que se ha convertido en el paradigma del repertorio pianístico de concierto. La pasión romántica, la viveza rítmica y el encanto de la obra cautivaron al público, tanto que no tardó en ser uno de los conciertos para piano más interpretado del siglo XX.

            Su Concierto para piano nº3, en Re menor, fue muy aclamado en su gira por EE. UU. Otra obra de esa época es Las vísperas, obra para coro a capella, que evidencia su perdurable interés por la música sacra. Durante su estancia en Dresde compuso dos grandes obras orquestales: La Isla de la muerte, Op.29, un poema sinfónico inspirado en el óleo de Arnold Böcklin, y su Sinfonía nº2, en Mi menor, Op.27, considerada como su mejor obra orquestal. La Rapsodia sobre un tema de Paganini, en la menor, Op.43, es una obra concertante para piano y orquesta que incluye un conjunto de veinticuatro variaciones sobre el Capricho nº24 para solo de violín, de Nicoló Paganinini. Una de las particularidades es que la orquesta interpreta la 1ª variación antes del tema principal.


Igor Stravinsky (1882-1971)
          
Stravinsky fue uno de los compositores más influyentes del siglo XX. Su obra cruzó fronteras, culturas y periodos. Redefinió con regularidad su estilo musical, siempre explorando nuevos gustos e innovadoras formas expresivas. Aunque cada una de sus obras es única, la impaciencia rítmica y las armonías inquietas y penetrantes les confieren una cierta unidad y coherencia.
            Nacido cerca de San Petersburgo, en el seno de una familia de artistas. Su padre fue cantante (bajo) de la Ópera Imperial de San Petersburgo. Comenzó a tomar lecciones de piano a los nueve años. La biblioteca musical de su padre le permitió estudiar a compositores como Glinca, Mussorgsky, Glszunov, Borodin, Wagner, Debussy y Dukas. En 1901 comenzó a estudiar derecho en la Universidad de San Petersburgo, donde conoció a un compañero suyo: Vladimir, hijo de Nicolai Rimsky-Korsakov. La amistad entre ellos hizo que éste lo aceptara como su pupilo. De esta relación surgiría un extraordinario compositor.
            Bajo la supervisión de su maestro, Stravinsky compuso algunas obras, entre ellas una fantasía para orquesta titulada Fuegos artificiales, que pensaba ofrecer a la hija de Rimsky como regalo de boda. A la muerte de su maestro, Stravinsky compuso un canto fúnebre en el que cada instrumento de la orquesta tocaba su propia melodía, como en un cortejo funeral hacia el sepulcro del maestro.
            Por aquella época, Stravinsky conoció a Serguéi Diaghilev, empresario ruso fundador de los Ballets Russes, quien le encargó el arreglo orquestal de dos obras de Chopin para el ballet Las sílfides. Tan satisfecho quedó que le hizo un nuevo encargo: la partitura de su primer ballet El pájaro de fuego, basada en una leyenda popular rusa que pensaba presentar en París en la primavera de 1910. La buena acogida del público favoreció dos encargos más: Petrushka y La consagración de la primavera, que describe los ritos paganos de la antigua Rusia. En estas obras se revelan los elementos principales del estilo de Stravinsky: la politonalidad – música en dos tonalidades que suenan a la vez -, los tiempos asimétricos de compás, los ritmos explosivos y una instrumentación novedosa. Los ballets son testigos de la evolución de su estilo, pues si Petrushka aún se puede considerar inscrita en el contexto de la música moderna, con La consagración de la primavera inaugura una nueva era de ritmos retumbantes y armonías disonantes. En ella empleó nuevas técnicas, abandonando la tonalidad y recurriendo a los ritmos primitivos con el fin de generar inquietud, clímax y respiros.

            En las décadas de 1920 y 1930, Stravinski compuso, dirigió e interpretó. En ese periodo su estilo musical se hizo neoclásico pues absorbió las influencias de Bach y Mozart.
Oedipus Rex (Edipo Rey), ópera basada en la tragedia de Sófocles, y libreto del dramaturgo Jean Cocteau, es una de sus primeras obras neoclásicas. Más que una ópera es una cantata escénica, pues los cantantes llevan vestuario pero no actúan. La Sinfonía de los salmos es otra de las obras de este periodo donde se aprecia el profundo interés del compositor por la música sacra y el estilo neoclásico.
Las obras de Stravinsky escritas en EE. UU., parecen dar expresión a una actitud hacia la música menos objetiva y más personal. Incluso se ha dicho que el Stravinski de ese periodo es más un neo-romántico que un neoclásico. Sin embargo de esta etapa es la neoclásica Sinfonía en tres movimientos.
            La insistencia sobre la necesidad de la forma, el propósito, la firmeza y la autodisciplina son características  del estilo de Stravinski. Siempre trata de hallar algo nuevo, avanzar y enfrentarse a problemas inéditos. Donde su originalidad aparece con mayor evidencia es en el uso de los ritmos. Pero la mejor cualidad es su sentido artístico ordenado, constructivo y calculado. No deja nada al azar, trabaja cada efecto con infinita paciencia.
Obras más conocidas:
§  Teatrales:
§  El pájaro de fuego (1910)
§  Petrushka (1911)
§  La consagración de la primavera (1913)
§  La historia del soldado (1918)
§  Pulcinella(1920)
§  Les noces(1923)
§  Oedipus Rex (1927)
§  Orpheus (1948)
§  El progreso del libertino (1951)
§  Cánticos de réquiem (1964)


§  Orquestales:
 §  El canto del ruiseñor

§  Sinfonía de los salmos

§  Sinfonía en Do menor

§  Sinfonía en tres movimientos

§  Concierto de ébano, para clarinete.

§  Concierto en Re mayor, para violín y orquesta

§  Concierto en Re, para cuerda




Serguéi Prokófiev (1891-1953)
Compositor nacido en Sontzovka (Ucrania). Su madre era pianista y su padre ingeniero agrícola. Recibió sus primeras lecciones de piano de su madre y a los cinco años ya se hizo evidente que poseía unas dotes musicales fuera de lo común. A los trece años, pese a ser más joven que cualquiera de los alumnos, ingresó en el Conservatorio de San Petersburgo, donde estudió composición y orquestación con Rimski-Korsakov; piano con Anna Esipova y dirección con Teherepnin. En sus años de estudiante ya solía interpretar al piano sus propias obras. En 1909 se graduó, sin honores, como compositor, pero continuó los estudios de piano y dirección orquestal. Sus dos primeros conciertos de piano dieron lugar a agrias críticas porque sonaban poco convencionales.
Prokófiev se graduó como pianista en el Conservatorio de San Petersburgo, después de ganar, en 1914, el premio Rubinstein, consistente en un piano de cola, el mayor galardón para un estudiante de piano. Poco después marchó a Londres,  donde conoció a Balákirev, Stravinsky y, en especial, a Serguéi Diaghilev, que le encargó el ballet Chout (El bufón). Desde el principio Stravinsky, más que ningún otro de sus coetáneos, tuvo un impacto decisivo en la obra de Prokófiev. En 1917 compuso la ópera El jugador, inspirada en la obra homónima de Dostoievsky, uno de sus mejores logros. Ese mismo año compuso el Concierto nº1 para violín, y la Sinfonía clásica, que reconstruye el estilo formal del siglo XVIII.
En 1918, viendo que la estrechez del espacio y el conflictivo ambiente ruso de la época era un serio impedimento para desarrollar su música experimental, decidió irse a los Estados Unidos de América. Allí su virtuosismo al piano entusiasmó tanto al público, que llegó a compararlo con Rajmáninov. En 1919, por encargo de la Ópera de Chicago, compuso la ópera  El amor de las tres naranjas, que no se llegó a estrenar porque  el director, que para ella estaba designado, murió y hubo que posponer el estreno. En 1922 volvió a Europa, se estableció en París, donde reanudó su relación con Stravinsky y los Ballets Rusos de Diaghilev, dedicándose a componer. Su innovador estilo musical fue bien recibido por la escena musical parisina.
En 1927, el estreno de la ópera El amor de las tres naranjas, en Petrogrado (San Petersburgo / Leningrado), fue bien acogido y Diaghilev le encargó varias obras con las que cosechó éxitos en sus giras por Rusia y Europa. En 1936 decidió volver a establecerse en Rusia. Allí estrenó El teniente Kijé, la banda sonora de una película; para el Teatro Bolshói de Moscú, el ballet Romeo y Julieta, una de sus obras más famosas. Su cuento sinfónico Pedro y el lobo, una introducción musical a la orquesta para niños, concebido como herramienta para ayudar a los niños a aprender sobre los diversos instrumentos de la orquesta.




Carl Orff  (1895-1982)
           
Compositor alemán, nacido en Múnich, comenzó a estudiar piano, órgano y violonchelo apenas tenía cinco años. Al acabar el bachiller estudió composición en la Academia de Música de Múnich, graduándose en 1914. Como el plan de estudios era muy conservador, se dedicó a explorar, por su cuenta, el repertorio musical contemporáneo que era lo que realmente le interesaba. Orff se sentía descontento con las clases de composición recibidas en la Academia por lo que, en 1920, reanudó sus estudios con el distinguido profesor Kaminski. En la búsqueda de un estilo musical propio, descubrió la música del Barroco temprano.           
Su entusiasmo por Debussy le duró el tiempo suficiente para componer la ópera Gisei, el sacrificio, antes de centrarse, sorprendentemente, en Schoemberg, diametralmente opuesto a Debussy. De cualquier modo, ninguno de los dos dejó trazas notables en el estilo maduro de Carl Orff.
El primer trabajo de Orff  fue como compositor de música incidental para un teatro de Múnich. Tras un breve interludio en el teatro, fuera de Múnich, en 1919 volvió para dedicarse a enseñar composición. Quería inventar nuevas formas para atraer a los niños a la música. Para ello ideó, junto a Dorothee Günter, una escuela especial de euritmia: combinación de música, gimnasia y danza basada en la obra de Daleroze y Laban. A Orff se le ocurrió que los alumnos acompañaran las rutinas de danza, improvisando su propia música, con sencillos instrumentos de percusión afinados y muy fáciles de tocar, lo que motivaría a los niños a dominar el lenguaje musical básico. Creó un sistema integral – el Schulwerk - de ejercicios prácticos para facilitar el proceso. Tan buen resultado dio que recibió el apoyo del Ministerio de Educación Alemán y, aún hoy, se sigue utilizando en todo el mundo.
Inspirado en las óperas de Monteverdi, compuso varias obras escénicas, entre ellas destaca Carmina Burana, una cantata que utiliza como texto algunos cantos medievales de los goliardos. En ella, además de la orquesta y coros, intervienen solistas: soprano, tenor y barítono. Destaca también su abundante y espléndida percusión.

Las primeras óperas del siglo XVII eran verdaderos espectáculos. Los escenarios lujosos y vistosos; el vestuario y los efectos mecánicos eran tan importantes como la música. Eso fue lo que pretendió Orff con su Carmina Burana y sus dos obras subsiguientes: Catulli Carmina y El triunfo de Afrodita, las tres forman la trilogía Trionfi. La música, evidentemente, no tiene relación alguna con la de Monteverdi. 
Academia de Bellas Artes Santa Cecilia