martes, 21 de noviembre de 2017

FESTIVIDAD DE SANTA CECILIA. Exposición pictórica: Churros con chocolate. Nov. 2017



Cada año, por la festividad de Santa Cecilia, la Academia organiza una serie de actos entre los que destaca una exposición pictórica. No hace falta que les recuerde que hemos tenido algunas realmente importantes.

Pero una exposición no se improvisa. Hacen falta muchas personas que durante meses diseñen, organicen  y atiendan  todos los detalles, que son muchos, para que luego, ustedes, al entrar en la sala, se encuentren cada cuadro en su sitio, con su luz adecuada. Si además es una exposición colectiva, los problemas se multiplican exponencialmente.

Esta exposición que les presentamos este año es muy original. Empezando por el título: “Churros con chocolate en un Recreo de El Puerto”. Una visión diferente del mismo paisaje.

La idea de reunir a 33 pintores gaditanos partió de un gran amante del arte, Eduardo Ruiz-Golluri, quien, tras invitar a desayunar churros con chocolate en una luminosa mañana de primavera, abrió el jardín de su magnífica casa para que cada artista captara su particular visión. Y hoy presentamos el resultado: diferentes técnicas, sensibilidades y maneras de abordar un paisaje. 33 variaciones de un mismo tema.

Pero además, “Churros con chocolate” se ha convertido en algo más. De esta iniciativa ha surgido un grupo muy activo de discusión, de apoyo, de relación entre este colectivo que cada vez está incluyendo a más artistas. Me parece  una iniciativa magnífica y les deseo a todos muchos éxitos.

Estoy segura de que la exposición de la Academia de Santa Cecilia de este año será, como en otras ocasiones, será una gran exposición. Es lo que esperamos. Les recuerdo que la inauguración será el martes 21 de noviembre a las 20.00 horas en el Centro Cultural Alfonso X el sabio. Los días de visita desde el 22 al 29 de noviembre. Les esperamos a todos.
Carmen Cebrián González. 
Presidente de la Academia de BB. AA. Santa Cecilia
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ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (332).

¿Le preocupa a alguien el futuro de El Puerto?

Sé que el título que he decidido dar a esta columna tiene algo de provocador, pero se trata sobre todo de remover unas conciencias que uno teme un tanto adormecidas.

Creo que coincidiremos todos – vecinos permanentes o bien ocasionales, como es mi caso- en que uno de los mayores problemas de El Puerto es la despoblación del centro y,  a la vez, las dificultades de llegar a fin de mes de muchos de quienes lo habitan.

Es este último un problema también de otras ciudades de nuestro país y sobre todo de Andalucía, pero no creo que haya muchas en las que los sucesivos gobiernos municipales, por las razones que sean, se hayan mostrado tan incapaces de poner remedio a esa situación.


En otras ocasiones he criticado en estas páginas la tan excesiva como errática sobreprotección del casco histórico, que permite que muchos edificios terminen en ruinas mientras se hace la vista gorda ante  atentados reales a la estética de la ciudad para asombro de visitantes.

Hablo con frecuencia con los comerciantes y dueños de bares y otros establecimientos del centro y me llega la queja unánime de que son pocos los concejales que se dignan por sus locales para escuchar sus sugerencias y ver qué se puede mejorar.

Los gobiernos municipales se deben a sus vecinos, que son quienes los eligen, algo que se tiende a olvidar con demasiada frecuencia en un país de tan poca cultura democrática como el nuestro.

Resulta sangrante escuchar a jóvenes de esos que con tanta demagogia llaman “emprendedores” explicarle a uno que se ven obligados a cerrar el pequeño comercio que con entusiasmo abrieron en su día por culpa del elevado alquiler, la poca demanda y la falta de apoyos.

He escrito otras veces y no me importa repetirlo  porque también se repiten las quejas que escucho al respecto, que una de las causas del descontento de muchos comerciantes son las dilaciones que encuentran cuando solicitan algún permiso para hacer una reforma, por mínima que sea. Por cierto ¿qué devino el famoso Peprich?

Es como si desde el Ayuntamiento sólo se empeñasen algunos en poner trabas burocráticas con el mínimo pretexto en lugar de ayudar y facilitar las cosas a quienes tienen alguna iniciativa o desean acometer algún negocio que pueda redundar en beneficio de la ciudad y quienes en ella viven.

Y mientras tanto, el partido o los partidos que están en la oposición se dedican sólo a criticar con dureza y sin demasiado tino la gestión de sus sucesores sin la autoridad moral que tendrían  si mientras gobernaron no hubiesen hecho las cosas peor que quienes ahora critican.
¿Cuándo van a comprender unos y otros que  el futuro de El Puerto de Santa María, de sus vecinos y comerciantes es demasiado importante como para convertirlo en una pelota de pingpong?



Cada vez que vuelvo a esta ciudad, alguien me habla de  algún potencial comprador extranjero que, seducido por la belleza cada vez más ajada de sus casas palacio, quisiera invertir aquí para quedarse, pero a quien las trabas que encuentra terminan disuadiéndole.
Repito la pregunta del título: ¿A quién le importa el futuro de esta ciudad?
  
Joaquín Rábago
Socio colaborador de la Academia

jueves, 16 de noviembre de 2017

EL MUNDO DE LA MÚSICA. Capítulo XIV. El Impresionismo Musical


El Impresionismo Musical (1860-1920)
El movimiento conocido como Impresionismo llega a la música cuando el Romanticismo aún estaba en su apogeo, inducido principalmente por la pintura. Los pintores impresionistas pretendían reproducir, no sólo la realidad de la Naturaleza, sino su atmósfera, intentando plasmar y esbozar en el lienzo la “impresión” que ésta les producía. En muchos aspectos, la música impresionista trata de hacer lo mismo: más que reproducir los sonidos de la naturaleza, trataba comunicar las impresiones recibidas.
Se aplica generalmente el calificativo de impresionista a la música en la que predomina un ambiente especial, una atmosfera, relegando a un lugar secundario la forma, la armonía y la tonalidad. Reproduce, a manera de recuerdos, el efecto que ciertas circunstancias o hechos influyeron sobre la sensibilidad del artista, que se dedicaba a la introspección estética, tratando de encontrar nuevos y sutiles medios expresivos para traducir el estado de ánimo y transmitir al oyente los vagos e imponderables movimientos de la mente.
La característica principal del Impresionismo musical es el refinamiento armónico con el libre y frecuente uso de las disonancias, escalas arbitrarias, modos orientales…, rechazando sistemáticamente todo formulismo clásico que pueda parecer eco del lirismo romántico. En general, todas las normas severas que han venido rigiendo el arte de componer. Se suele decir que la música de Debussy es impresionista porque es posible percibir en ella una analogía sonora de las obras  de pintores impresionistas como Renoir, Monet o Pissarro. Llevó su interés al “color”de los sonidos y procuró expresar los estados de ánimo mediante la sensación sonora, creando un lenguaje musical nuevo que abolía muchas de las reglas tradicionales.  Abandonó el sistema tonal mayor-menor y la regularidad de construcción del tiempo, con el fin de obtener nuevos efectos rítmicos y armónicos, abriendo así el camino a los nuevos estilos musicales del siglo XX. 
El  Impresionismo surgió cuando el romanticismo aún estaba en su apogeo. En muchos aspectos tenía los mismos fundamentos y trataba, en esencia, de expresar las mismas ideas pero por medios diferentes. Pronto empezó a perder gran parte de su atracción primaria a favor de otro lenguaje  que  trata de dar una vuelta exterior a las experiencias interiores: el Expresionismo.

Claude Debussy (1862-1948)
Claude-Achille Debussy nació en Saint-Germaine-en-Laye, a las afueras de París. En su infancia no asistió a la escuela, fue su madre quien le enseñó a leer y escribir. No obstante, a pesar de su escasa formación, siempre dio muestras de un gusto refinado y selecto, y pronto manifestó entusiasmo por la poesía y la pintura, además de un gran talento como pianista.
Una de las primeras experiencias de su vida, cuando sólo contaba siete años, fue el viaje que hizo a Cannes, donde por primera vez vio el mar. Cuarenta años más tarde aún recordaba tres cosas de aquel viaje: Las rosas, el mar y un carpintero de ribera que cantaba sin parar desde la mañana a la noche. Poco después de este viaje, Debussy mostró su deseo de aprender música y sus padres le permitieron tomar lecciones de piano. Ingresó en el Conservatorio de París en el año 1873. Durante los once años que duró su formación musical, no mostró interés por el sistema tradicional de enseñanza, chocando con los profesores debido a su entusiasmo por lo original e inusual. El profesor de armonía se desesperaba con sus improvisaciones, en las que utilizaba increíbles disonancias y modulaciones. Siendo estudiante de armonía, en la clase de su maestro Durand, escribió sus primeras composiciones. En 1880 pasó a la clase de composición de Ernest Guiraud, compositor amigo de Bizet, que estimaba mucho a Debussy.
Wagner fue una de las primeras influencias de Debussy, con quien siempre mantuvo una relación de amor-odio, e incluso se permitió la broma de citar a Tristán e Isolda en su divertida pieza Golliwog`s Cakewalk. Pronto se percató que amaba la intensa armonía cromática de Wagner, más por su color que por su funcionalidad; de hecho la principal aportación de Debussy a la música radica en la innovación armónica y en el color orquestal.
Su primera gran obra fue Prélude à l’apres-midi dùn faune (Preludio a la siesta de un fauno), inspirada en el poema de Mallarmé, obra con una sensual orquestación, sentido orgánico de la estructura, densidad atmosférica y exquisitas melodías y armonías. Por primera vez, cabe afirmar, se estaba ante unos pentagramas pensados desde el oído, y éste lo agradecía. Debussy ya no compone con notas, sino con sonidos. La estructura de la obra es programática, como La Mar, en la que también hace gala de las calidades ambientales y pictóricas, y manifiesta una increíble habilidad para pintar imágenes sonoras con la orquesta.
 El dice: <<La música es la expresión del movimiento de las aguas, el juego de las curvas de las olas que describen las cambiantes brisas>>.


 Se suele decir que su música es impresionista, porque parece posible oír en ella una analogía sonora de obras de artistas como Renoir, Pissarro, Monet o Degas. Sin embargo, Debussy no tuvo ninguna relación con los pintores impresionistas.
La armonía de Debussy, pese a sus terceras tradicionales, le sirve por su color. Los acordes pueden encadenar armonías paralelas, preservando su fraseo, color y sonoridad, lo que le otorga a la música una cierta afinidad con el jazz. Entre las texturas armónicas destacan las quintas puras de La catedral sumergida, que recuerdan a un cantus firmus.
En cuanto a la melodía, Debussy recurre a una gran diversidad de modos: la escala de tonos enteros, la diatónica, la cromática y la pentatónica. Lo que confiere a su música infinidad de formas y una enorme flexibilidad. El ritmo en la música de Debussy es también muy maleable y no está siempre ligado al tiempo fuerte. A fin de servir al carácter musical de una pieza, su ritmo puede ser lánguido como en el preludio a la Siesta de un fauno, o saltarín y “jazzero” como en Golliwog`s Cakewalk (baile de de la muñeca de trapo).
Debussy es un maestro de las texturas. Maneja de forma magistral la resonancia natural del piano, y en su música orquestal descubre combinaciones instrumentales inéditas y sonidos resultantes de escribir para las notas más agudas o graves del registro de los instrumentos.
Tras el nacimiento de su hija, escribió El rincón de los niños: suite para piano, dedicada a su hija Claude-Emma, consta de seis piezas que reflejan el mundo de los juguetes y las lecciones de piano para los niños. Después se dedicó a componer música para piano. Los dos volúmenes de Preludios son característicos de estilo ya maduro de Debussy. Los tres Nocturnos para orquesta llevan títulos evocativos: <<La chica de los cabellos de lino>>. <<La catedral sumergida>> y <<Pasos en la nieve>> son los más conocidas.
Hacia el final de su vida, Debussy retornó a la música de cámara – el Cuarteto de cuerdas de 1893 es un ejemplo temprano -, y tanto la Sonata para violín como la Sonata para violoncelo, (1915-1917) manifiestan un estilo armónico más integrado, un cierto neo-clasicismo y una magistral densidad formal. Aunque ésta última no alcanza los quince minutos de duración, su densidad y su contraste la hacen parecer mucho más larga. Se caracteriza por una enorme variedad estilística, desde el comienzo neoclásico y los extraños sonidos, con aire español, de guitarra de la Sérénade intermedia hasta el giratorio Finale, las partes de los dos instrumentos –violoncelo y piano- son magistrales. Su interpretación exige flexibilidad rítmica, sensibilidad para el color y balance armónico.




Erik Satie (1866-1925)           
Erik Alfred Leslie Satie nació, de madre escocesa, cerca de Le Havre y murió en París, ciudad en la que vivió desde los doce años. A la muerte de su madre, en 1872, Satie se fue a vivir con sus abuelos maternos antes de reunirse  con su padre en París. Pronto manifestó talento para la música, pero era vago y reticente a aceptar lecciones, por tal motivo fue expulsado del Conservatorio de París que proporcionaba una educación musical rigurosa y tradicional.
            Poco más tarde ingresó en el partido socialista radical, siendo algo así como un profeta en el desierto, aunque alcanzó estatus de gurú e influyó en compositores como Debussy y Milhaud. Se le considera el líder de un grupo de compositores franceses, conocido como “Les Six”, emulando al grupo de compositores rusos “Los Cinco”, sólo en el nombre, pues su desapego emocional, su independencia de todo pensamiento y estética convencional, y su ausencia de pretensiones, nos llevan a relacionar la música de Satie con los movimientos artísticos modernos  que siguieron a las dos guerras mundiales.
            Satie fue un inconformista que se enfrentó a la cultura musical de su época. Su obra temprana fue una reacción a los excesos emocionales nacionalistas y a la preponderante estética wagneriana, tal como después, el carácter científico de la modernidad se puede interpretar como una reacción a los horrores de los conflictos bélicos. Satie vivió de forma espartana, y la pureza y simplicidad son los rasgos distintivos de su música, cuya textura es clara y transparente.
            Satie poseía un marcado don de la melodía. Sus temas son simples, bien formados y fáciles de memorizar, en parte porque son muy repetitivos. Su armonía algo estática, y el empleo, no funcional, de los acordes de séptima es precursor de las armonías del jazz.
            Satie compuso sus obras más famosas en la primera etapa de su vida: las Gymnopédies y las Gnosiennes, son grupos de piezas breves para piano, simples, repetitivas y modales. Su estructura suele consistir en una sola línea melódica acompañada de acordes. Las armonías oscilan entre dos acordes, produciendo un efecto hipnótico que prefigura, en algunos aspectos, la música minimalista. Su sarcástico sentido del humor se observa en el hecho de que, como le acusaban de carecer del sentido de la forma, compuso una obra que tituló Tres piezas en forma de pera. No obstante, tuvo en cuenta tal acusación porque, poco después, ingresó en la Schola Cantorum  para estudiar contrapunto, lo que influyó notablemente en su producción. También compuso Parade, un animado ballet para los ballets rusos de Diaghilev. Su música presenta una estructura simétrica sin pretensiones.





Maurice Ravel (1875-1937)       

Nació en Ciboure (Bajos Pirineos franceses), cerca de la frontera española. Marie, su madre, con quien siempre tuvo una relación muy estrecha, era vasca. Muchas de las composiciones con “sabor español” de Ravel se inspiraron en las canciones que ella le cantaba de niño. Cuando la familia se trasladó a París (1887), comenzó sus estudios de piano, de armonía, contrapunto y composición. Tras realizar los estudios preparatorios ingresó en el Conservatorio de París para estudiar piano. En 1895 fue expulsado por no llegar al nivel requerido. Volvió a ingresar en 1898, pero esta vez como estudiante de composición bajo la tutela de Gabriel Fauré. Su influencia sobre Ravel es evidente en su profundo conocimiento de los clásicos, armonías audaces llenas de color, y una soberbia técnica orquestal.
Aunque Ravel llegó a París con sólo doce años, la impresión que le produjo la música popular española, oída durante su infancia en Ciboure, quedó firmemente arraigada en su memoria, como lo demuestra el acento de las composiciones de su madurez: Rapsodia española, La hora española y el Bolero.




En la historia de la música existe la tendencia a comparar a Ravel con Debussy, pese a lo diferente de sus estilos. Cuando en 1907 se estrenaron en París las canciones irónicas y joviales de Ravel: Histoires naturelles, fue el centro de una acalorada controversia. La crítica se dividió en dos bandos: uno que consideraba a Ravel un mediocre imitador de Debussy; y el otro que, a pesar de estar influido por éste, era un compositor de gran fuerza personal y originalidad. Calvocoressi declaraba que Ravel era infinitamente más que una mera copia de Debussy, y así lo argumentaba:
<<Ravel es más viril que Debussy. En su música son mucho mayores las variaciones de color, es mayor la profundidad y más penetrante la fuerza. Cuando se compara con la de Debussy, la música de Ravel tiene salud y vigor. Está hecha de algo más sólido>>.
Aunque en sus obras se aprecia una cierta analogía estilística, existen diferencias esenciales e inequívocas. El estilo de Ravel está firmemente arraigado en la tradición clásica y sus orquestaciones muestran una mayor influencia de Rimsky-Korsakov y Stravinsky que las de Debussy. Pese a que ambos utilizaban   a menudo las exóticas escalas modales y los acordes extendidos, el idioma armónico de Ravel es más conservador que el de Debussy. Además, a Ravel le interesaba subrayar el lirismo de las melodías.
            Durante generaciones, las obras de Ravel han hecho las delicias del público y de la crítica:
<<Del deslumbrante Gaspard de la nuit a la belleza lírica del Bolero, Ravel se eleva como una de las mentes musicales más originales y creativas del siglo XX>>
Descubre su música:
       -         Ópera:
§  L’ houre spagnole (La Hora española)

-         Orquestales:
§  Dafnis y Cloe.  (Dos suites del ballet)
§  Ma mère l’oye (Mamá oca) (Suite  del ballet)
§  La valse (Poema sinfónico)
§  Bolero
§  Le Tombeau de Couperin (La tumba de Couperin)
§  Pavana para una infanta difunta
§  Rapsodia española

-         Conciertos:
§  En Re mayor

-         Música de cámara:
§  Introducción y alegro, en Sol bemol mayor
§  Trío de piano, en La menor
§  Tzigane (Gitana). Violín y piano. (Habanera)
§  Gaspar de la Nuit. Piano
§  Ondine
§  Jeux d’eau (Juegos de agua)
§  Miroirs (Espejos)
§  Oiseaux tristes (Pájaros tristes)

-         Canciones:
§  Historias naturales
§  Scheherazade
Academia de Bellas Artes Santa Cecilia

lunes, 13 de noviembre de 2017

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (331)

FESTIVIDAD DE NUESTRA PATRONA SANTA CECILIA


Programa de la Velada Literaria-Musical
21 noviembre de 1909

Cada  año, desde hace 116, la Academia de Bellas Artes de Santa Cecilia viene conmemorando, el día 22 de noviembre la festividad de su Patrona. Nuestra Institución siempre ha querido darle un relieve especial a este acontecimiento, motivo por el cual promueve una serie de celebraciones y actos en torno al mismo, como son la ceremonia de la misa y un variado ciclo de conciertos, conferencias y exposiciones.

Nuestra Academia queda constituida el 8 de diciembre de 1900 y, en los trámites previos, sus fundadores muestran su deseo unánime de que la Institución preste una especial atención a la música, de ahí su dedicación a Santa Cecilia, que había sido nombrada Patrona de la música y de los músicos, en el año 1594, por el Papa Gregorio XIII.

Así pues, nuestra Entidad, en su clara apuesta de promoción y difusión de la música; cuenta con tres aulas dedicadas a su enseñanza y el protagonismo en internet a través de nuestro blog y en las redes sociales: http://bellasartessantacecilia.blogspot.com.es/ y facebook.

Este año, además de la eucaristía de acción de gracias y de la exposición de pintura, ya tradicionales, retomamos la ancestral celebración de un concierto.

El próximo sábado día 18 de noviembre celebraremos los actos siguientes:
Eucaristía en la Parroquia de San Francisco (P.P. Jesuitas), calle San Francisco, a las 19:30 horas.

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Inmediatamente después y en la Bodega Caballero S.A., situada justo enfrente de la Parroquia, se celebrará un concierto, interpretado por el Ensemble Stella Maris de Cádiz. Este grupo nació en abril de 2011, cuando las mezzosopranos Carmen Patiño Ucero y Antonia Martínez Novas y el pianista Roberto Domínguez Domínguez ofrecían un concierto dentro del Programa Música en Cuaresma del Ayuntamiento de Cádiz, tras el cual se plantearon establecerse como grupo, debido al éxito de aquella actuación y los múltiples compromisos que comenzaron a surgir a partir de la celebración del mismo. Desde entonces han participado en multitud de conciertos y celebraciones tanto en Cádiz, como en otras provincias.
El repertorio, que nos van a ofrecer, está basado en temas de compositores clásicos, algunos de ellos son: Marguerite Monnot, Chapí, Pablo Beltrán, George Gershwin, Ariel Ramírez, Carlos Gardel, Federico Chueca,  Manuel Quiroga, George Bizet…

El martes, día 21 de noviembre a las 20:00 horas, en el Centro Cultural Alfonso X el Sabio se inaugurará la exposición de un paisaje pictórico, bajo la iniciativa y el patrocinio de Eduardo Ruiz Golluri, titulada: Churros con chocolate en un recreo de El Puerto. 

Se trata de una visión diferente del mismo paisaje natural, en la que 33 pintores, casi todos de la Bahía gaditana, dan idea, con sus pinceladas, de los rasgos del recreo, y del silencio sonoro donde laten las entrañas del jardín verde y amarillo que se revela ante sus ojos.

La pintura es el arte de la representación. Estos 33 artistas han recreado la imagen de un jardín, utilizando distintas técnicas y captando la estampa imaginada en 33 versiones distintas, según la percepción de cada pintor, dando lugar a una obra de arte.

La Academia agradece profundamente el mecenazgo de la empresa Bodegas Caballero S.A. y del empresario Eduardo Ruiz Golluri, por su generosa colaboración.
Gonzalo Díaz Arbolí
Académico de Santa Cecilia



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jueves, 9 de noviembre de 2017

EL MUNDO DE LA MÚSICA. CAP. XIII y (2) La música francesa del siglo XIX

La Música  francesa del siglo XIX y (2) 
Georges Bizet (1838-1875)
Georges Bizet, cuyo verdadero nombre era Alexander Cesar Leopold Bizet, podía presumir de su ascendencia musical: su padre era cantante y compositor; su madre era pianista; y su tío, François Delsarte, célebre profesor de canto. Bizet nació en París. Recibió las primeras lecciones musicales de su padre con sólo cuatro años, su progreso fue tan rápido e inusitado que, a los nueve años, hubo que dispensarle el requisito de la edad para ingresar en el Conservatorio de París, donde fue discípulo de Fromental Halévy, compositor de óperas. Pronto dio muestras de su talento como compositor con un sorprendente ejercicio de estudiante: La Sinfonía en Do mayor (1855), una composición juvenil nada original. Sin embargo, el hecho de que hubiera en ella motivos utilizados más tarde en La Arlesiana y en Carmen, demuestran que su estilo ya estaba madurando. La sinfonía permaneció inédita hasta que en 1933 fue redescubierta y transformada en ballet por el coreógrafo George Balanchine, estrenándose en París, el año 1935.
            Después de ganar el Prix de Rome (1857), permaneció tres años en Italia donde compuso entre 1858-59, la ópera cómica Don Procopio. En 1860 volvió a París. En la década de 1860, Bizet trabajó en  una ópera que su profesor y mentor Halévy  había dejado inconclusa. Su primera obra teatral, una breve opereta de un solo acto, titulada  El doctor Milagro, obtuvo un premio concedido por Offenbach. En 1863 compuso su primera ópera larga: Los pescadores de perlas, famosa por su conmovedor dueto, dedicado a la amistad, para tenor y barítono: Au fond du temple saint. En esta obra, Bizet mostró por vez primera su gusto por el colorido oriental, influido por Gounod. La influencia de éste se advierte también en su ópera en un acto: Djamileh, basada en un poema de Alfred de Musset, y en su ópera La bella muchacha de Perth, inspirada en una historia de Walter Scott.





            En 1872, el francés Alfonso Daudet escribió una obra de teatro un tanto extraña: La Arlesiana, para la que Bizet compuso la música. Una obra de maestro como también lo son la suite pianística de Juegos de niños y la versión orquestal de las cinco piezas que Bizet tituló: Petite suite. Ningún otro compositor francés de su época pudo expresarse con tanta sencillez y tanto refinamiento.




            En su última composición: Carmen, Bizet puso toda su sabiduría y experiencia, pero el color español de la obra, ilustrado a la perfección en la pegadiza aria de la Canción del torero y los retratos líricos tan realistas, no fueron del gusto francés y, por lo visto, tampoco de sus coetáneos, pues Gounod escribió lo siguiente: <<Quitad las arias españolas…de la partitura y lo único que queda atribuible a Bizet es la salsa que cubre el pescado>>.
Poco después del estreno de Carmen, Bizet fallecía a causa de un infarto en Bougival, cerca de París.

Emmanuel Chabrier (1841-1894)
            Chabrier, hijo de un abogado, nació en Ambert (Puy de Dome). Aun cuando desde niño mostró gran disposición para la música, no empezó a componer en serio hasta la mitad de su vida, pues su padre lo educó para estudiar la carrera de leyes. Sin embargo, supo recuperar el tiempo perdido y su limitada educación musical – tomó lecciones de piano - fue suficiente para componer obras tan deliciosas y optimistas como la Rapsodia orquestal: España. Su técnica al teclado llegó a ser legendaria, tal como la describe su compañero, el compositor André Messager:
  << Atacaba el piano no sólo con las manos, sino con los codos, la frente, el estómago, e incluso con los pies, produciendo los efectos más inusuales y alcanzando un volumen similar al de una tormenta. Sólo se relajaba cuando el infortunado instrumento se tambaleaba ya sobre sus patas como un borracho>>.
            En opinión de muchos de sus coetáneos, la música de Chabrier era nada más que un entretenimiento gracioso y divertido, juicio que compartieron algunos comentaristas de principios del siglo XX. Pero hoy son mejor apreciados la profundidad y el valor de algunas de sus obras.
            Inspirado en parte por Wagner, y en particular por una interpretación de Tristán e Isolda, Chabrier decidió renunciar a su cargo de funcionario en el Ministerio de Interior para dedicarse a componer. Ya en 1979 había empezado a trabajar en Gwendoline: ópera de carácter serio inspirada en Wagner, que intentó representar en 1880, con tan mala suerte que la única compañía que accedió  a llevarla a escena quebró antes del estreno. Ese mismo año compuso una de sus obras para piano más célebres: Diez pièces pittoresques. Un viaje a España, en 1882, le inspiró su obra más popular: Rapsodia España, para orquesta, cuyo título original fue “Jota” – por la danza aragonesa -. Chabrier compuso esta pieza para suscitar en el público la misma emoción que el sintió cuando vio a los bailarines españoles interpretar esta danza. En ella se muestran las mejores características de su música. Otra de sus obras, tal vez su obra maestra, es la ópera cómica Le roi malgré lui (El rey a su pesar), estrenada en 1887, tampoco tuvo mucha suerte y se representó pocas veces. De ella, René Dumesnil escribió:
<< ¡Qué música! ¡Qué originalidad y habilidad para expresar algo nuevo! ¡Qué fresca parodia!...Su orquestación es tan admirable como la de Wagner, solo que impregnada de luz>>.
 Su música llena de viveza, es una continuación de la de Bizet, y sus encantadoras melodías y sus extraños ritmos son típicamente franceses. Si en vida no se le reconocieron estos valores, hacia 1920, el grupo de “Los Seis”, comenzó a estudiar y difundir su música, demostrando que fue una de las que abrieron el camino de la música moderna, sacándola de las brumas del impresionismo.

 

Camille Saint-Saëns (1835-1921)
Saint-Saëns nació en París. Su padre murió cuando apenas tenía tres meses, así que fue criado por su madre y su tía. Esta última le dio las primeras lecciones de piano con sólo tres años. A los cinco años ya participaba en conciertos, y a los diez ofreció su primer recital en la Sala Pleyel de París, con tal destreza que la crítica parisiense le llamó “el nuevo Mozart”. Aunque fue un prodigio capaz de tocar, a los diez años, todas las sonatas de piano de Beethoven, fue rechazado para el Prix de Roma, según se dice, por su falta de experiencia. A los catorce años fue admitido en el conservatorio de París, donde continuó sus estudios y trabó una íntima amistad con Liszt. Tres años más tarde ya era un organista brillante y pronto alcanzó fama de ser uno de los mejores organistas de su tiempo, - Liszt lo consideraba el mejor -, distinguiéndose además como pianista y director de orquesta. Una tras otra, sus obras fueron dándole lustre a su nombre. En 1853 obtuvo su primer éxito con el estreno de su Primera Sinfonía.
Sus improvisaciones semanales al órgano eran uno de los atractivos de la vida musical parisina. Su amor por el órgano se aprecia en toda su obra, sobre todo en el final de su Sinfonía nº3 “Órgano” (1886), una de sus piezas más oídas. Entre 1860-1870, escribió numerosas composiciones que se hicieron bastante famosas, entre ellas dos poemas sinfónicos: Le rouet d’Omphale y Phaëton.


A causa de la guerra franco-prusiana (1870-1871), tuvo que refugiarse en Londres. Durante su estancia allí, realizó estudios sobre la música inglesa antigua que le inspiraron su ópera Enrique VIII, y fue nombrado doctor honorario en Cambridge. A su regreso a Francia compuso dos de sus obras más conocidas: la Danse macabre (1875) y Samson  et  Dalila (1878), su ópera más famosa y también la más representada.
Saint-Saëns fue un gran viajero y tradujo sus impresiones y recuerdos, tanto en obras literarias como musicales. Publicó libros y artículos sobre sus viajes, sobre música, filosofía, astronomía y algunos volúmenes de poesía. Su libro Observaciones de un amigo de los animales, y la fantasía zoológica El carnaval de los animales, scherzo musical compuesto por él para un círculo de artistas parisienses, dan muestra de su gran interés por el mundo animal.
Sus viajes le inspiraron el Quinto concierto de piano “Egipcio”, y otra obra para piano y orquesta: África.



Gabriel Fauré (1845-1924)
Fauré nació en Parniers, al sur de Francia. De niño ya disfrutaba improvisando al piano, y a los nueve años ingresó en la Escuela Niedermeyer, escuela para organistas de iglesia y directores de coro, donde se formó durante once años. Uno de sus maestros fue Camile Saint-Saëns quien, contraviniendo las reglas del centro, presentó a su alumno obras de compositores contemporáneos como Liszt y Berlioz. La relación entre Fauré y Saint-Saëns se convertiría en una firme amistad de por vida. Después de graduarse, Fauré trabajó como organista en la iglesia de Rennes. Cuatro años más tarde regresó a París. Allí desempeñó, sucesivamente, los cargos de organista en las iglesias de Saint-Sulpice y Saint-Honoré, y de director de coros en la famosa iglesia de la Madeleine, donde sucedió a su maestro Saint-Saëns. En 1888, Fauré estrenó en la Madeleine su Requiem, reconocida obra maestra que el vicario recibió con frialdad, limitándose a decirle que se dejara de “novedades” y se ciñera al repertorio conocido. En 1896 fue nombrado profesor del Conservatorio, de cuyo centro fue director entre 1905 y 1920.




            Fauré se presentó como compositor, en 1865, con una colección de canciones con un depurado estilo de exquisita belleza, sensibilidad poética y frescura melódica que le hicieron acreedor al título conocido como el “Schumann francés”. Marcel Proust en su crónica À la recherche du temps perdu, (A la búsqueda del tiempo perdido), la mejor y la más sofisticada crónica de la época, se declaraba sin ambages “embriagado” por la música del compositor, al que consideraba, con humor pero certeramente, como un “gregorianista voluptuoso”, pues en su obra se daban la mano la sensualidad más exquisita y la austeridad y sencillez del canto llano. Llama la atención en la música de Fauré, la mezcla de la gracia y la claridad, típicamente francesas, con el espíritu clásico del arte griego.
            Estilísticamente, Fauré se encuentra en una zona de equilibrio entre dos estéticas divergentes, pero ambas de cuño genuinamente francés: el“Simbolismo”, con sus sofisticadas evocaciones, sus misterios y sus secretas correspondencias entre las artes; y el “Parnasianismo”, con su elegante claridad y precisión, su concisión, su refinamiento y su aspiración a la perfección.
Julien Tiersot escribió:
<<…no basta reconocer en él a un músico griego resucitado en nuestro siglo XX: es el espíritu del helenismo, tanto como sus formas lo que renace en él… Se lanza más allá de las esferas para traernos la pura belleza>>.

Un somero repaso al catálogo pianístico de Fauré podría llevar a pensar que estamos ante un émulo de Chopin, pues en él encontramos un repertorio pianístico que va desde preludios, caprichos y barcarolas, hasta los románticos nocturnos.
Academia de Bellas Artes Santa Cecilia