martes, 19 de marzo de 2019

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (378). Viejos en el cine


VIEJOS EN EL CINE
Acaba de estrenarse en España la última película de Clint Eastwood, dirigida y protagonizada por él tenemos la suerte de tenerla actualmente en nuestros multicines.  Lo primero que llama la atención es el aspecto físico del actor (y director) al que habíamos visto en tantas producciones de cine del Oeste y todos recordamos en los “Spaghetti western” rodados en España e Italia.  Lejos queda aquellas películas y lejos queda la figura de aquel apuesto actor, serio y duro, pero capaz de enamorar a cualquier mujer con su sensibilidad y ternura. Ahora tiene 88 años (5 menos que Woody Alen), pero que igual que este, conserva una increíble actividad creativa.
Es curiosa la insistencia con que el cine se ha fijado en hombres mayores (en mujeres también, pero menos), hombres en el último tramo de sus vidas, dispuestos a corregir los errores cometidos en su juventud y madurez.  Lo vemos en esta película de Clint Eastwood, pero también en otras como “El Cochecito”, de Marco Ferreri (1969) con el inolvidable Pepe Isbert, (“Tomates verdes fritos” de Jon Avnes (1992), “Cocoon”, de Ron Howart (1985), “El Crepúsculo de los dioses”, de Willy Wilder (1950), Una Historia Verdadera”, de David Linch (1999), “Nebraska”, de Alexander Payne (2013) o “Amor”, de Michael Heneke (2012).
Clint Easwood en la película es un viejo, no un hombre mayor de esa etapa de la vida que empieza alrededor de los sesenta años y que duras mas o menos hasta los ochenta, aunque algunos la prolongan aún mas antes de entrar en esa otra etapa en la que uno es ya viejo, sin paliativos.  Pero a pesar de todo conserva una lucidez envidiable. Ha cometido errores, pero ya es capaz de admitirlo y asumir sus consecuencias. Es un hombre en toda la extensión de la palabra. Ya no le da miedo el tiempo ni la edad, eso ya lo ha superado, ya ha traspasado esa última línea roja. Ahora solo quiere enmendar en lo posible sus errores. Durante toda su vida, lo principal para él fue el trabajo, pero ahora ha llegado el tiempo de reconocer que se equivocó, que no tenía que haber antepuesto eso a la familia, a su mujer y a su hija.  Ahora frente a ellas y su nieta hace examen de conciencia y trata de rectificar admitiendo y asumiendo sus errores con valentía y sin pretenderlo, consigue el perdón de las mujeres de su vida y se dispone a transitar despacio pero seguro de si mismo, hacia el final de su vida.
La actuación de Clint Easwood es portentosa y traspasa la pantalla haciéndonos ver que su figura envejecida no le priva de su carácter, de su porte, de su carisma.
 Distinto es el caso del Pepe Isbert de “El Cochecito”.  En este caso el pobre hombre padece demencia senil que le lleva a acabar con toda su familia para poder escaparse de casa como un muchacho de catorce años.
En el caso de “Una historia verdadera”, un achacoso anciano que vive con una hija discapacitada, recibe la noticia de que su hermano, con el que está enemistado desde hace diez años, ha sufrido un infarto y a pesar de su estado de salud, decide ir a verlo a Wisconsin. Para ello tendrá que recorrer unos 500 kilómetros y lo hace en el único medio de transporte del que dispone: una máquina corta césped.

En “Nebraska”, a un anciano con síntomas de demencia, le comunican por correo que ha ganado un premio. Cree que se ha hecho rico y obliga a su receloso hijo a emprender un viaje para ir a cobrarlo. Poco a poco, la relación entre ambos, rota durante años por el alcoholismo, tomará un cariz distinto para sorpresa de la madre y de su hermano.
Y en el caso de “Amor”, dos ancianos de ochenta años, profesores de música clásica jubilados que viven en París, verán puesto a prueba el amor que les ha unido durante tantos años, cando su hija, que también se dedica a la música y que vive en Londres con su marido, sufre un infarto que le paraliza un costado.
Distinto es el caso de “Cocoon” en la que un grupo de ancianos que viven en una residencia, descubren la fuente de la eterna juventud. El único problema es que el lugar mágico pertenece a un grupo de extraterrestres, y desconocen si sus intenciones son amigables. Un espléndido reparto y cierta dosis de sentimentalismo hicieron de este drama fantástico un gran éxito de taquilla.

Así podríamos seguir enumerando muchísimas otras películas con viejos como protagonistas, pero creo que con las reseñadas podemos hacernos una idea de como ha reflejado el cine a los viejos en la pantalla.
Jesús Almendros Fernández

sábado, 16 de marzo de 2019

EL GENTILICIO DE LOS CIUDADANOS DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA (1 de 8)


Recopilación del discurso pronunciado por don Manuel Pacheco Albalate, el 1 de abril de 2016, con motivo de su investidura como Académico de Número de la de Bellas Artes de Santa Cecilia, bajo el título de “El gentilicio de los ciudadanos de El Puerto de Santa María”


Afortunadamente, desde mediados del siglo que hemos dejado atrás, existe en nuestra ciudad, aunque a veces con grandes lagunas, un movimiento vecinal para conservar, rescatar, poner al día y desempolvar el pasado de nuestra historia. Surgió espontáneamente con la voluntad de compensar la desidia, la indiferencia y el poco aprecio que durante muchas décadas se había tenido, dentro de la vorágine de un movimiento modernista mal entendido, de desprecio por todo lo deslucido o deteriorado por el paso del tiempo, de todo lo que no tenía utilidad en el presente, de lo que no era productivo, de derribar por derribar, como si lo antiguo y lo moderno no se pudieran perfectamente conjugar. No valoraron los interesantes retazos que el tiempo nos había dejado como algo inherente, inseparable, de las señas de nuestra identidad. De igual forma no percibieron la rentabilidad que podría obtenerse a partir de la rehabilitación de nuestro patrimonio histórico, de su riqueza y variedad.

En este contexto, se cuestionó, entre algunos vecinos de esta muy antigua ciudad, cuál era su verdadero gentilicio, bajo qué nombre se le ha conocido y se le sigue llamando, surgiendo sobre ello un intenso debate donde, salvo en escasas aportaciones documentadas, se exponían razonamientos más avalados por el deseo personal, por la pretensión de imponer, que por el rigor científico que requiere de estudio, precisión y objetividad.

Hoy, transcurrido algún tiempo, algo sosegados los ánimos, consultados los más cualificados gramáticos actuales, incluida la Real Academia Española, y con la importante documentación hallada en los archivos, voy a hablarles de ello, haciendo constar desde este mismo momento que no entraré en ningún tipo de debate, que solamente les trasmitiré y les mostraré lo hallado en vetustos escritos y lo que dicen al respecto las más importantes autoridades del momento.

La exposición la realizaré a través de cuatro apartados: me centraré en la construcción general de los gentilicios en la lengua castellana; pasaré después al estudio de los documentos que recogen, por primera vez, el gentilicio de los naturales de la ciudad de El Puerto de Santa María; pasaré al posicionamiento actual de la Real Academia Española sobre dicho gentilicio; y realizaré unas consideraciones al respecto.

Comenzaré manifestando que para el estudio de los gentilicios se impone en primer lugar hacer referencia a los topónimos, a los nombres propios que designan un lugar determinado, sea un río, un país, una montaña, una región, un pueblo, una villa o una ciudad. Estos nombres suelen responder a un acontecimiento, a un personaje o a un accidente geográfico, donde sus vecinos, a través del uso continuado, lo tomaron inintencionadamente.
Academia de Santa Cecilia

miércoles, 13 de marzo de 2019

MÚSICA CLÁSICA EUROPEA: LA ÓPERA (29) Rusalka

RUSALKA
  
La ópera en tres actos Rusalka fue escrita por A. Dvoràk con libreto de Jaroslav Kvapil, en una adaptación libre del cuento de Hans C. Andersen: La sirenita. Se estrenó en Praga en 1901. En España, su estreno fue en el Gran Teatre del Liceu en 1924.


 

ARGUMENTO  
Acto I
Rusalka, que es una náyade, una duendecilla de la mitología eslava que normalmente habita en un lago con otras ninfas que se divierten junto al Gnomo del agua. Rusalka se confiesa a él su amor por del Príncipe, un humano. Rusalka desea ser una mujer, y el Gnomo le dice que vaya a ver a la bruja Jezibaba. La bruja acepta satisfacer el deseo de Rusalka, pero le advierte que esa transformación le va  a suponer permanecer muda para siempre.
El Príncipe está de caza en el bosque, con él va el Cazador y todo su séquito, a los que manda a palacio al percibir un ambiente amenazador en el bosque. El Príncipe se encuentra con Rusalka y se enamora de ella y la lleva a su palacio.

Acto II
En el palacio se prepara la boda del Príncipe con Rusalka. El Cuidador de la caza y el Cocinero comentan las novedades. El Príncipe, aunque ama a Rusalka, no deja de permanecer indiferente ante los encantos de la Princesa extranjera, que hace contínuos comentarios acerca del silencio de Rusalka.
Rusalka sufre y este dolor hace que aparezca a su lado el Gnomo que la consuela. Rusalka se da cuenta del error que ha cometido al querer compartir su vida con un hombre. Al final habrá boda, pero entre el príncipe y la Princesa extranjera.

Acto III
Rusalka ha vuelto al lago, pero no puede vivir en él con sus hermanas. Su única posibilidad de recuperar su antigua vida es destruir al hombre que la abandonó. Sin embargo se interpone el amor que siente todavía por él. El Príncipe por su parte, no halla la paz y felicidad en su palacio y vuelve al lago a ver a Rusalka. Cuando se encuentran los dos, el Príncipe recibe el beso de Rusalka, lo que le supone la muerte, sin embargo muere feliz y dichoso en los brazos de su amada.

Es en esta famosa aria, la Canción a la luna, donde le pide a la luna que busque al Príncipe y le diga como lo ama. La traducción es la siguiente:


Luna, que con tu luz iluminas todo
desde las profundidades del cielo
y vagas por la superficie de la tierra
bañando con tu mirada
el hogar de los hombres.
¡Luna, detente un momento
y dime dónde se encuentra mi amor!
Dile, luna plateada,
que es mi brazo quien lo estrecha,
para que se acuerde de mí
al menos un instante.
¡Búscalo por el vasto mundo
y dile, dile que lo espero aquí!
Y si soy yo con quien su alma sueña
que este pensamiento lo despierte.
¡Luna, no te vayas, no te vayas!


domingo, 10 de marzo de 2019

SOBRE EL NOMBRE DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA (10º de 10)


Creo que no hay causas de confusión sobre el nombre de la ciudad, pero somos los hablantes quienes tenemos la palabra. Me he atrevido ya a tanto, que me atrevo a hacer tres sugerencias prácticas: 1) que empleemos adecuadamente las tres variantes de que disponemos para llamar a nuestra ciudad; 2) que continuemos hablando como lo hacemos. Sabemos cuándo podemos contraer el artículo del nombre de la ciudad ante las preposiciones a y de, que es la mayor parte de las veces, y cuándo tenemos que pronunciar estos vocablos separadamente, para evitar confusiones a los oyentes; y 3) que escribamos El Puerto de Santa María y El Puerto con la inicial del artículo en mayúscula, incluso delante de las preposiciones a y de, porque en la escritura estas contracciones dan lugar a confusiones y tratándose de un nombre propio son incorrectas según las normas ortográficas establecidas por la Real Academia Española.

Una puntualización final: tengamos en consideración que hay otras ciudades llamadas El Puerto en España y el mundo (algunas con tantas similitudes como la portuguesa Oporto, cual señaló Juan-Luis Roche y ha sacado a luz Manuel Pacheco Albalate en su estudio sobre este ilustrado portuense), que al menos hay una localidad –Port-Sainte-Marie- cuya denominación es prácticamente igual a nuestra variante Puerto de Santa María, pero me parece que no hay otra ciudad que se llame El Puerto de Santa María.

En cualquier caso, refiriéndonos exclusivamente a nuestro idioma, podría decirse que Puerto de Santa María es una variante sustitutiva de El Puerto de Santa María sólo para algunas expresiones emotivas y poéticas; que El Puerto es una forma coloquial válida únicamente entre hablantes en cuyos dominios cognitivos equivale a El Puerto de Santa María, pues de no ser así se confundiría con instalaciones portuarias; y que la variante El Puerto de Santa María es la única que se identifica inconfundible y universalmente con la ciudad de El Puerto de Santa María: por eso es su nombre.

Quiero que sepan que, aunque haya aparentado seguridad en cuanto he dicho, la realidad es que tengo dudas sobre muchas de mis argumentaciones. Como les dije al principio, este discurso no es más que una reflexión en voz alta sobre un tema tan importante e interesante, y del que queda tanto por saber, como es el del nombre de El Puerto de Santa María.

Gracias por su atención y por acompañarme en este acto tan señalado para mí.

Academia de Santa Cecilia


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viernes, 8 de marzo de 2019

SOBRE EL NOMBRE DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA (9º de 10)


Sin embargo, independientemente de cuál sea la procedencia de la forma El Puerto, su importancia no puede ser comprendida si no se considera un factor extralingüístico: que el carácter antonomástico de El Puerto de Santa María como El Puerto por excelencia tuvo mucho que ver con la fama de milagrosa que adquirió la imagen de Santa María del Puerto, que convirtió a la villa en uno de los más importantes lugares de peregrinación del reino de Castilla. Este conocimiento contribuyó a que la forma básica del nombre se difundiese y fuese suficiente para denominar a la villa. Decir El Puerto era referirse a una villa consabida: a El Puerto de Santa María o Santa María del Puerto, porque en el dominio cognitivo de los hablantes castellanos de la época el dedicado a Santa María era El Puerto por antonomasia. Posteriormente, debido a varias causas que sería prolijo tratar aquí, esa significación que la forma El Puerto tuvo en sus años fundacionales se fue perdiendo, aunque la denominación ha continuado empleándose hasta nuestros días.

En general, la peculiaridad que presenta el nombre de la localidad ha pasado inadvertida para propios, pero no así para extraños. Algunos de los viajeros extranjeros que visitaron la ciudad a mediados del siglo XIX repararon en su denominación. Richard Ford escribió esto en 1845: “la ciudad, ahora en auge, del Puerto de Santa María, llamada normalmente el Puerto, a secas...” En 1857, Antoine de Latour presentaba así la cuestión: “... el Puerto de Santa María, o, como lo llama la gente, el Puerto.” Y por último, el barón Charles Davillier, quien allá por los años sesenta o setenta del siglo XIX dejó un significativo punto de vista al respecto: “El Puerto, que también llaman Puerto de Santa María, está situado en la desembocadura del Guadalete.” Casi sobran comentarios. Las citas ponen de manifiesto la realidad existente acerca del nombre de esta ciudad: aunque en ciertas situaciones del lenguaje se diga y escriba Puerto de Santa María, lo normal es que se le llame y se escriba El Puerto de Santa María y El Puerto.

Resumo y concluyo. Quiero destacar y precisar los siguientes aspectos:
-      Que las variantes El Puerto de Santa María y Puerto de Santa María surgieron simultáneamente en los años fundacionales de la villa, aunque el empleo de ésta última se extendió posteriormente.
-      Que esta dualidad nominal es resultado de las posibilidades y las limitaciones del lenguaje y del idioma, según su estadio de evolución, y, sobre todo, de las dificultades que se nos presentan para denominar los objetos reales y los del conocimiento y para diferenciar los nombres comunes y propios.
-      Que entre El Puerto de Santa María y Puerto de Santa María no hay diferencias de significado, pero puede haber matices significativos: parece que el artículo le confiere al nombre de la ciudad mayor carga expresiva.
-      Que la posibilidad de optar entre la presencia o la ausencia del artículo en el nombre de la ciudad, según las funciones del lenguaje, debe ser considerada positivamente. No se trata de una disyuntiva sino de una alternativa. La alternancia del artículo en el nombre de la ciudad es un patrimonio lingüístico que permite ampliar nuestra capacidad comunicativa.
-      Que la forma El Puerto de Santa María pasó de ser una descripción definida para referirse a la villa a convertirse en su nombre propio y que esto fue así por tratarse de la variante más empleada históricamente para ello, pese a ir contra la posterior tendencia del habla a suprimir el artículo delante de nombres de localidades.
-      Que la forma El Puerto, a la que no sabemos cuando le crecieron las mayúsculas, es la causante de la ulterior predilección por la variante El Puerto de Santa María y de su consiguiente transcategorización en el nombre propio de la ciudad porque hay una relación lógica entre El Puerto y El Puerto de Santa María, y viceversa, que no se da entre El Puerto y Puerto de Santa María, ni a la inversa. Dicho de otra manera: que, independientemente de su procedencia, la forma El Puerto da lugar por analogía a la preferencia de los hablantes por el empleo de la variante El Puerto de Santa María frente a la variante Puerto de Santa María.
-      Que si no fuese por el uso común de la forma El Puerto, la variante El Puerto de Santa María podría haber desaparecido ya o desaparecer en el futuro ante la variante Puerto de Santa María. De ahí la importancia que le otorgo a la forma El Puerto en el hecho de que el nombre de la ciudad continúe siendo El Puerto de Santa María.
Academia de Santa Cecilia

miércoles, 6 de marzo de 2019

SOBRE EL NOMBRE DE EL PUERTO DE SANTA MARÍA (8º de 10)


Ocupémonos en primer lugar de la variante Puerto de Santa María. Aunque apareció en los años fundacionales de la villa, lo hizo tímidamente. La extensión de su empleo fue posterior y se debió a la evolución del castellano. Si bien ha tenido siempre un uso minoritario, nunca ha dejado de rivalizar con la variante El Puerto de Santa María, pues tiene a su favor la vacilación de los hablantes ante el empleo o no del artículo, y por si fuese poco, ocasionadamente, recibe impulsos de tan buenos partidarios como de los que goza. Su uso es gramaticalmente correcto, pero lo cierto es que nos resulta extraña; y hasta malsonante en ciertas estructuras lingüísticas: (¿Dónde está Puerto de Santa María? Nos veremos en Puerto de Santa María, p.e.). Sin embargo, es una variante útil; imprescindible para algunos mensajes y sus correspondientes construcciones sintácticas. No se trata, pues, de suprimirla, sino de hacer uso de ella adecuadamente. Yo diría que la variante Puerto de Santa María sólo debería ser utilizada en las funciones metalingüística, emotiva y poética del lenguaje. Puede y debe decirse, p.e., Quiero volver a mi Puerto y dice muy bien José-Luis Tejada en este verso “Este tu encanto canto, Puerto mío”.

La variante El Puerto de Santa María es, incuestionablemente, la que da nombre a la ciudad. Sólo en algunas expresiones emotivas tiene que ser sustituida por la variante sin artículo. Apareció en los años fundacionales de la villa y lo hizo con una enorme fuerza expresiva y un predominio manifiesto con respecto a la variante Puerto de Santa María, como se pone de manifiesto en los documentos de la época y en las Cantigas. Todo parece indicar que el empleo del artículo tuvo desde sus orígenes, además de causas idiomáticas básicas (Fernández Lobo), una manifiesta intención enfatizadora y singularizadora. Por razones religiosas y políticas (González Jiménez y Connie L. Scarborough), Alfonso X ofrendó el lugar a la Virgen como si de un exvoto se tratase, según ha apuntado Montoya Martínez, e hizo de él “el puerto” de Santa María. Esta variante ha venido siendo la más empleada por los hablantes, como hemos podido comprobar en el muestreo literario realizado anteriormente, pero desde el siglo XVI, aproximadamente, soporta una mayor competencia del uso de la variante Puerto de Santa María.

Por su parte, la forma El Puerto, como ya hemos señalado, puede ser originaria y dar lugar tanto a la advocación Santa María del Puerto como a la variante El Puerto de Santa María o puede ser resultado de una de estas denominaciones. Yo no descartaría, incluso, una doble función de causa y efecto de la forma El Puerto. Su uso ha sido y es muy común y ha desempeñado un importante papel en el predominio de la variante El Puerto de Santa María con respecto a la variante Puerto de Santa María. La vitalidad de la forma El Puerto ha sido el principal apoyo lingüístico que la variante El Puerto de Santa María ha tenido y tiene para mantenerse contracorriente frente a la ya mencionada posterior tendencia de los hablantes a suprimir el artículo delante de nombres de localidad encabezados por topónimos primarios (Arroyo de Granada, Valle de Santa Ana, Puerto de España).
Academia de Santa Cecilia


lunes, 4 de marzo de 2019

ENCUENTROS EN LA ACADEMIA (377)


EL “RÍO DEL OLVIDO” 

En estos soleados  primeros días de marzo, paseando, como tantos otros, por la “Avda. de la Bajamar”, - margen derecha del río - donde el Guadalete deja de ser río para convertirse en ría, echo de menos la actividad que, aunque no vivida por mí como portuense, hace ya más de ocho lustros conocí cuando comencé a recorrer, como marino, los múltiples puertos de las costas españolas y otras muchas más lejanas.
Ayer, apoyado en la baranda del cantil mientras esperaba a un amigo, portuense de nacimiento y sentimiento, más que imaginar, soñé que en ambas márgenes de la ría había barcos pesqueros y buques de carga atracados, afanados en las tareas de carga y descarga: sal y pescados, vino en botas y a granel, mercancías procedentes de América y Filipinas. Todos ellos daban vida a este río del que hoy nos hemos olvidado.
Soñé que todos esos barcos, engalanados con sus banderolas y gallardetes, hacían sonar sus tifones saludando a los que arribaban y despidiendo a los que zarpaban.
¿No os parece que sería un reconocimiento a este río que tanto le dio a nuestro Puerto?
Hoy, El Puerto, ciudad, vive de espaldas a su río, y su puerto, como tal, languidece, por no decir se muere, con un par de pesqueros amarrados, una draga que no draga, unos cuantos derrelictos y dos diques flotantes que esperan, hace no sé cuánto tiempo, que alguna embarcación vare en ellos. Éstos en la margen izquierda, la más industrial.
Si recreamos la vista en la margen derecha, la que debía ser - y puede serlo si ponemos empeño en ello - el vestíbulo de entrada a la ciudad, la fachada principal de nuestra ciudad, -“la de los cien palacios”- lo que vemos son fachadas desconchadas de edificios en ruinas, bolsas de aparcamientos, un varadero abandonado con el esqueleto podrido, tapando sus vergüenzas – para más vergüenza - con harapos, del que ha sido durante décadas el icono y logotipo de la ciudad: “su Vaporcito”

No sé si a nuestras autoridades, políticas y marítimas, les dará vergüenza. A mí, como vecino, y como marino que ha vivido media vida en la mar, y de la mar, sí. Sí me da vergüenza, por eso me atrevo a plantear una idea para revitalizar la ribera de nuestro “Río del Olvido” y no volver a olvidarnos de él.

Hace ya algún tiempo, al poco del percance que sufrió el Vapor del Puerto, cuando se trajo al varadero de la Bajamar para terminar su vida, me preguntaron si era posible su recuperación. Entonces, sin verlo, me atreví a decir que sí, lo que no pude cuantificar fue el coste de la restauración, pues no conocía el estado interior del mismo. Es más, ofrecí mis conocimientos y experiencia en buques propulsados a vapor para instalar en él una caldera y una máquina alternativa a vapor, en vez del motor diésel que tenía montado, y así, su propulsión concordara con su denominación: “El Vapor del Puerto”.

Esta propuesta traería, además de la consiguiente restauración del casco y habilitación de la embarcación por profesionales de la carpintería de ribera, la recuperación y adaptación del varadero para crear una escuela de esta especialidad, e instruir en el montaje y manejo de la instalación propulsora a vapor a todo aquél que le interesara.

Hoy, la carpintería de ribera está siendo reconocida y potenciada por las instituciones como patrimonio industrial y cultural. Astilleros como el de Nereo, en Pedregalejo, están haciendo restauraciones y réplicas de barcos históricos, barcos de recreo y jábegas tradicionales de pesca de la costa malagueña. En Conil de la Frontera, Carpintería de Ribera Muñoz Ruiz, se dedica a la construcción artesanal, combinando la madera con la fibra de poliéster, de barcos pesqueros. En Orio (Gipuzkoa), se ha recuperado Mutiozabal, el último astillero de carpintería de ribera de la costa vasca, que desempeñará una doble función: ser un centro divulgativo del patrimonio naval de la cuenca del río Oria, y centro de recuperación y construcción de embarcaciones tradicionales de pesca y recreo.

Iniciativas como éstas podrían llevarse a cabo en nuestra ciudad recuperando el varadero donde se encuentra hoy lo que queda del “Vapor”, pidiéndole la concesión a la Junta de Obras del Puerto; creando la citada escuela de carpintería de ribera, para hacer barcos de madera y de fibra; de carpintería de blanco, para hacer mobiliario de barcos y otros usos, una actividad que volvería a dar vida a nuestro río y a nuestro Puerto.
Si esta propuesta se tuviera en consideración, yo ofrezco mi colaboración, aportando mis conocimientos y experiencia, para llevarla a cabo sin ningún otro interés que el de potenciar esta actividad en nuestra ciudad.

                                                                  Ignacio Pantojo